
MI AMIGA ALICIA
Aunque todo parecía indicar que Alicia era una niña como cualquiera de su edad y de su entorno, pronto todos a su alrededor, familiares y amigos, empezaron a notar con asombro que aquella muchachita de ojos verdes, había nacido con un don especial.
Una mañana, su maestra de la escuela primaria, llevó a todos sus alumnos al museo de la ciudad. Allí les tenían preparadas algunas actividades para hacer más amena y educativa la estancia en aquel lugar.
Uno de los juegos que los promotores culturales del museo habían preparado, consistía en una gran caja decorada con colores llamativos. Dentro había un objeto perteneciente a la colección del museo, y los niños debían adivinar qué objeto era. Para ello, debían auxiliarse de preguntas tales cómo, los materiales usados para su fabricación, la utilidad del mismo, y todas las interrogantes que a los niños se les ocurriera.
Los pequeños ya se disponían a lanzar sus preguntas, cuando Alicia dijo a su maestra que ella sabía lo que había dentro de la caja. La maestra, incrédula, le preguntó:
-Qué es lo que hay dentro?
-Un reloj despertador, respondió ella.
Los trabajadores del museo se quedaron estupefactos. Efectivamente, era un reloj despertador.
Tal vez desde entonces, tras correr de boca en boca el cuento de lo que allí había sucedido, Alicia empezó a notar que la miraban diferente, y tal vez con el tiempo, ella fue descubriendo dentro de ella misma, que ciertamente tenía sus rarezas.
Como las piedras rodando se encuentran, allí estaba aquella muchacha de 19 años frente a mí. Nos miramos y no sé por qué nos sentamos a conversar. Creo que ella había escuchado hablar de mí. Desde entonces, Alicia y yo nos convertimos en los mejores amigos del mundo.
El aura de Alicia era brillante y hermoso. Era casi como un ángel descendido a la tierra, y lo mejor del caso es que ella se sentía rechazada y hasta atacada a veces por esas otras chicas que intentaban llamar la atención de los chicos y que sentían celos de que ella recibiera en el dormitorio, las visitas que las demás no conseguían.
-¿Es aquí donde vive Alicia?
-Sí, es aquí, respondían a veces de mala gana.
Aunque todo parecía indicar que Alicia era una niña como cualquiera de su edad y de su entorno, pronto todos a su alrededor, familiares y amigos, empezaron a notar con asombro que aquella muchachita de ojos verdes, había nacido con un don especial.
Una mañana, su maestra de la escuela primaria, llevó a todos sus alumnos al museo de la ciudad. Allí les tenían preparadas algunas actividades para hacer más amena y educativa la estancia en aquel lugar.
Uno de los juegos que los promotores culturales del museo habían preparado, consistía en una gran caja decorada con colores llamativos. Dentro había un objeto perteneciente a la colección del museo, y los niños debían adivinar qué objeto era. Para ello, debían auxiliarse de preguntas tales cómo, los materiales usados para su fabricación, la utilidad del mismo, y todas las interrogantes que a los niños se les ocurriera.
Los pequeños ya se disponían a lanzar sus preguntas, cuando Alicia dijo a su maestra que ella sabía lo que había dentro de la caja. La maestra, incrédula, le preguntó:
-Qué es lo que hay dentro?
-Un reloj despertador, respondió ella.
Los trabajadores del museo se quedaron estupefactos. Efectivamente, era un reloj despertador.
Tal vez desde entonces, tras correr de boca en boca el cuento de lo que allí había sucedido, Alicia empezó a notar que la miraban diferente, y tal vez con el tiempo, ella fue descubriendo dentro de ella misma, que ciertamente tenía sus rarezas.
Como las piedras rodando se encuentran, allí estaba aquella muchacha de 19 años frente a mí. Nos miramos y no sé por qué nos sentamos a conversar. Creo que ella había escuchado hablar de mí. Desde entonces, Alicia y yo nos convertimos en los mejores amigos del mundo.
El aura de Alicia era brillante y hermoso. Era casi como un ángel descendido a la tierra, y lo mejor del caso es que ella se sentía rechazada y hasta atacada a veces por esas otras chicas que intentaban llamar la atención de los chicos y que sentían celos de que ella recibiera en el dormitorio, las visitas que las demás no conseguían.
-¿Es aquí donde vive Alicia?
-Sí, es aquí, respondían a veces de mala gana.
-La rarita, está ahí acostada.
-Pues por favor, dígale que salga, que quiero verla.
Durante años fui su confidente. Yo creía ver en ella esas cosas que casi nadie apreciaba, ni siquiera ella misma. Cuando le hablaba del mundo oculto, y de esas facultades que ella traía de vidas pasadas ya desarrolladas, ella se reía y no le daba demasiada importancia.
Yo me empeñaba en enseñarle ejercicios y técnicas para potenciar su poder mental y espiritual, pero ella no terminaba de creerse que estaba preparada para nada de aquello.
Sin embargo, sólo había que sentarse a hablar con ella para darse cuenta de que efectivamente, tenía esos poderes consigo. Aparte de la energía que brotaba de su ser, ella era capaz de leerte el pensamiento y de ese modo, charlábamos ella y yo, poniendo en palabras las cosas de la cotidianeidad, riéndonos y disfrutando del círculo mágico que se creaba entre los dos, pero al mismo tiempo, de una manera muy sutil, establecíamos un diálogo sin palabras de alma a alma, y en esa otra conversación, nos íbamos abriendo y entregando y acercando de un modo que sólo quien lo ha experimentado podría entenderlo.
En el año 2000 me marché de Cuba e increíblemente perdimos el contacto. No ha sido hasta ahora, que nos hemos vuelto a encontrar y otra vez hemos conversado tanto de lo humano con palabras, como de lo divino usando ese lenguaje misterioso y lleno de silencios, ese lenguaje que experimentan las almas afines y que tanto bien hace al espíritu.
-Pues por favor, dígale que salga, que quiero verla.
Durante años fui su confidente. Yo creía ver en ella esas cosas que casi nadie apreciaba, ni siquiera ella misma. Cuando le hablaba del mundo oculto, y de esas facultades que ella traía de vidas pasadas ya desarrolladas, ella se reía y no le daba demasiada importancia.
Yo me empeñaba en enseñarle ejercicios y técnicas para potenciar su poder mental y espiritual, pero ella no terminaba de creerse que estaba preparada para nada de aquello.
Sin embargo, sólo había que sentarse a hablar con ella para darse cuenta de que efectivamente, tenía esos poderes consigo. Aparte de la energía que brotaba de su ser, ella era capaz de leerte el pensamiento y de ese modo, charlábamos ella y yo, poniendo en palabras las cosas de la cotidianeidad, riéndonos y disfrutando del círculo mágico que se creaba entre los dos, pero al mismo tiempo, de una manera muy sutil, establecíamos un diálogo sin palabras de alma a alma, y en esa otra conversación, nos íbamos abriendo y entregando y acercando de un modo que sólo quien lo ha experimentado podría entenderlo.
En el año 2000 me marché de Cuba e increíblemente perdimos el contacto. No ha sido hasta ahora, que nos hemos vuelto a encontrar y otra vez hemos conversado tanto de lo humano con palabras, como de lo divino usando ese lenguaje misterioso y lleno de silencios, ese lenguaje que experimentan las almas afines y que tanto bien hace al espíritu.
TADEO