miércoles, 28 de enero de 2015

EL GRAN SECRETO DEL AMOR AL DESCUBIERTO



EL GRAN SECRETO DEL AMOR AL DESCUBIERTO

A lo largo de nuestras vidas, siempre se nos ha dicho que el amor es un gran misterio. Muchas veces no comprendemos por qué nos enamoramos de una persona que a vista de todos es la peor elección y somos incapaces de enamorarnos de esa persona que a todas luces parece la mejor del mundo. Nos cuesta trabajo saber qué nos pasa y qué le pasa a nuestras parejas, amigos o enamorados en materia de amor. Muchas veces no sabemos elegir a la pareja correcta cuando la vida nos pone por delante más de una opción. Para tratar de echar algo de luz sobre estos particulares aquí les dejo algunas reflexiones que espero les sirvan de utilidad.

En el momento en que todo era Dios, conglomerados o familias de 64 mónadas, se desprendieron del cuerpo del Todo UNO. Es muy importante  comprender el poder de esta Unidad de 64 seres, y es importante por su perfección. Sólo una estructura perfecta podía desprenderse de la perfección pura que es Dios. 64 se obtiene de multiplicar 8x8, y ya sabemos que para los chinos el 8 es el número de la buena suerte.

Es importante que comprendamos que toda alma humana añora la paz y la estabilidad que le da el 64, es decir, esta unión de cada uno de nosotros con 63 seres idénticos a nosotros que conforman con nosotros nuestra primera familia monádica inicial.

Como el proceso de bipartición continuó, sucedió que la familia inicial se dividió en dos subfamilias de 32 y 32 seres. De este modo, empezamos cada uno de nosotros a mantener en cuanto a cargas electromagnéticas, una relación específica con esos 31 seres que continuaron viaje con nosotros, y lo mismo, con esos 32 seres o almas gemelas que siguieron viaje en una dirección contraria a la nuestra.

Ahora bien, esos dos grupos de 32 seres se subdividieron en 16 y 16, y por tanto, ya aparecen aquí 4 categorías de seres, los 15 que siguieron con nosotros, los 16 que se separaron de nosotros a última hora, y los otros dos grupos de 16 seres que ya se habían desprendido de nosotros. Cada uno de estos seres tienen peculiaridades que nos asemejan y diferencian de nosotros.
Luego cuando ocurre la nueva bipartición que nos convierte en grupitos de 8 mónadas, aparecen 8 nuevas categorías. Cuando aparecen grupos de 4 mónadas, aparecen 16 categorías de seres.

Quiero detenerme en este momento en que cada uno de nosotros formaba un grupo de 4 seres con otras tres personas. Cada uno de nosotros en este punto, formaba una unidad perfecta con su alma gemela original, con su alma compañera original y con su neutro. Cuando este unidad de 4 se convirtió en una unidad de dos, cada uno de nosotros tuvo que renunciar a un ser muy amado, ese ser muy amado es nuestra alma compañera original, y de este modo, nos quedamos siendo UNO con nuestra alma gemela original. Pero al ocurrir la ruptura, nos quedamos solos, siendo una mónada que en un largo proceso evolutivo nos fuimos apropiando de los cuerpos átmico y búdico, los cuales, conjuntamente con el cuerpo monádico conforman nuestra alma, nuestro principio espiritual, y luego esta semilla espiritual se recubrió de los 3 cuerpos materiales que son los cuerpos mental, astral o emocional y físico.

Cada ser encarnado en la tierra siente, intuye que es un ser incompleto, pero no es capaz de sospechar que está incompleto porque le faltan 63 trozos. Erróneamente ha creído que existe una mitad que lo complementará hasta el punto de alcanzar esa paz y felicidad que añora, sin saber que incluso, encontrando a su alma gemela, seguirá sintiéndose incompleto.

Pero esto se complica mucho más porque el ser humano en la tierra, tiene despiertas y activadas sus conciencias materiales, pero adormecidas y latentes sus conciencias espirituales. ¿Qué quiere esto decir? Quiere decir que cada uno de nosotros atraemos hacia nuestra vida con la misma fuerza e intensidad en vez de a una única persona, a dos personas: a nuestra alma gemela y a nuestra alma compañera.

Lo que ocurre es que la naturaleza de esa atracción es diferente. Al alma gemela la atraemos con nuestras conciencias espirituales, es decir, con nuestras conciencias monádica, átmica y búdica. Mientras que a nuestra alma compañera la atraemos con nuestras conciencias materiales: mental, astral o emocional y física.

EL AMOR CON EL ALMA GEMELA(RELACIONES DE ESFUERZO)

Cuando estamos frente a nuestra alma gemela ocurre que sentimos algo muy fuerte, pero nuestra conciencia racional no lo comprende. De hecho, la conciencia emocional y mental tienden a rechazar a esa persona, precisamente por no comprenderlo. Por eso en este estadio humano, las almas gemelas se dedican más a entregarse sexualmente que a compartir emociones, sentimientos y pensamientos. Es algo complicado, porque cuando desconectas tu mente y te entregas a los placeres del sexo, sientes que todo es perfecto, pero cuando luego desde tu mente tratas de imaginar una vida en pareja con esa persona, ves que no es lo que andas buscando. Si te casas con tu alma gemela, aparecerán los problemas por los choques emocionales y mentales y cada una de las partes irá a refugiarse en los brazos de su alma compañera.

Muchas veces sucede que nos casamos con nuestra alma gemela, y después de un tiempo de casados, cuando ya lo conoces mejor, te preguntas: ¿Qué hago yo casado con esta persona? Si es que somos distintos en todo. Pero es que la pasión sexual, y muchas veces, los condicionamientos kármicos favorables, hicieron el resto.

O puede ser que hayamos tenido un contacto fugaz con nuestra alma gemela. Pudo haber sido alguien que pasó por nuestra vida un instante, y luego desapareció, pero nos dejó una huella tan profunda, que nunca lo hemos podido olvidar, y nunca nos sentimos en la cama tan bien como con esa persona. Pero esa persona era un loco o una loca, alguien con quien parecía imposible establecer una relación de pareja, y nuestra cordura, nuestra lucidez, nuestra mente, y a veces hasta nuestra familia, nos hicieron desistir de la idea de emparejarnos con él o con ella.

Muchas veces las relaciones con nuestras almas gemelas se rompen violentamente y nos quedamos llenos de resentimientos y de heridas, y nos quedamos confusos porque sentimos como si algo muy profundo de nosotros mismos se hiciera añicos. Pues bien, mientras el ser humano siga teniendo adormecidas sus conciencias espirituales, no estará en condiciones de establecer relaciones duraderas y satisfactorias con su alma gemela. Y muchos de nosotros no estaremos en condiciones siquiera, de tener algo con estos seres. Sobre todo si somos personas demasiado mentales, demasiado contenidas y si confiamos cada uno de nuestros pasos a los designios de nuestra mente racional. Sólo inhibiendo la conciencia racional podremos encontrarnos y aceptar a nuestra alma gemela.

EL AMOR CON EL ALMA COMPAÑERA(RELACIONES DE COMPENSACIÓN)

El alma compañera, por su parte, es un ser cuyas emociones, sentimientos y pensamientos son casi idénticos a los nuestros. Eso te hace experimentar un placer extraordinario que termina convirtiéndose en amor, pero muchas veces sucede que no existe entre ambos el fuego de la pasión sexual, y esto es justamente lo que nos hace dudar de haber encontrado a la pareja ideal. Con tu alma compañera muchas veces no sientes química sexual, o lo sexual siempre aparece atenuado y en un segundo plano, y es por eso que casi siempre las personas que terminan emparejadas con sus almas compañeras, son esas que después de haber sufrido las heridas de la relación con el alma gemela, necesitan encontrar en un alma compañera justamente esa compatibilidad de emociones, sentimientos y pensamientos que el alma gemela es incapaz de darnos.

Hay algo que todos debemos conocer, y es que existen fuerzas espirituales que entorpecen las relaciones entre las almas compañeras y le dan prioridad a las relaciones entre las almas gemelas. ¿Por qué? Pues porque como el ser humano se encuentra en estos momentos en un estadio de conciencia en el que somos fundamentalmente emocionales y mentales, las relaciones de amor con nuestras almas compañeras se dan con mucha facilidad y por tanto, no es aquí donde tienen que  trabajar nuestros espíritus protectores y demás fuerzas espirituales. El trabajo casi siempre lo realizan en función de que seamos todos capaces de amar a nuestras almas gemelas, porque la tendencia natural de todos, es a rechazar a estos seres, por no comprenderlos y por parecernos diferentes y distantes de nosotros.

Muchas veces las relaciones entre las almas compañeras se resienten porque sucede que de repente se alejan sin un motivo aparente, muchas veces ocurre sin que medie la voluntad de ninguno de los dos. De hecho, las fuerzas espirituales que nos guían, pasan mucho trabajo para alejar a las almas compañeras. Les ponen miles de obstáculos en el camino para hacerlos desistir de que la otra persona está predestinada para ellos, y hacen que todo fluya con más facilidad con las almas gemelas.

Una vez conocido esto, cuando estemos junto a nuestra alma compañera, debemos aprender a no guardarle rencor y si lo hemos amado, no dejar de hacerlo, porque en realidad, nuestra alma compañera se merece ser amado, y nosotros nos merecemos el amor de nuestra alma compañera.

Una vez experimentado estos dos tipos de amores diferentes, llegamos a la conclusión de que la pareja ideal sería una mezcla de estas dos personas. Como todos hemos encontrado en el camino de nuestras vidas a nuestra alma gemela y a nuestra alma compañera, hemos experimentado las dos clases de amor, pero decidirnos por uno de los dos es  complicado porque a ambas clases de amores, le falta algo. Por eso lo que hacemos a lo largo de nuestras sucesivas encarnaciones es emparejarnos con uno de los dos y asumir las carencias, o renunciar a ambos.

De aquí podemos sacar otras conclusiones y es que nadie viene a nosotros del todo libre, todo el mundo viene a nosotros escondiendo un amor. Nuestra alma gemela viene a nosotros escondiendo a su alma compañera, y nuestra alma compañera viene a nosotros escondiendo a su alma gemela. Como nuestra cultura nos ha obligado a aferrarnos al paradigma de la pareja, es decir del DOS, nuestras mentes han aceptado  esta idea como la válida y correcta, y nos aferramos a  cumplir con ella, pero en el fondo de nuestras almas, sabemos que todos llevamos enterrado un amor, ya sea el amor por nuestra alma gemela o el amor por nuestra alma compañera.

Incluso, todo podría complicarse mucho más en nuestras vidas si se da el caso de que nuestro cuerpo esté animado por más de un alma, cosa que sucede cuando nuestros padres han tenido abortos previos o posteriores a nuestro nacimiento. Si en un mismo cuerpo de una persona, anidan 3 almas diferentes, la persona tendrá que equilibrar en una sola vida, los karmas de esas tres personas, y las almas gemelas y compañeras que se cruzarán en su camino, se multiplicarán por tres.

Ahora bien, ¿cuál es el camino correcto a seguir en el amor? ¿Con quién debemos quedarnos, con nuestra alma gemela o con nuestra alma compañera? En realidad no deberíamos matar a uno de estos amores para hacer prevalecer al otro. Lo hemos venido haciendo durante siglos, pero la realidad es que estos amores son  complementarios y deberíamos crear un marco social para que ambos coexistan.

De hecho, cada uno de nosotros tiene 32 almas gemelas y 31 almas compañeras con las que establecemos relaciones a lo largo de nuestras vidas. Ellas van viniendo a nosotros no sólo como parejas, sino también como amigos, como familiares, etc.

ALMAS GEMELAS

1-Relaciones kármicas: Existen almas gemelas con las que nos hemos relacionado en vidas pasadas y arrastramos con ellas un karma que nos enlaza y condiciona para bien o para mal nuestra relación.

2-Relaciones Dhármicas: Existen almas gemelas con las que no nos hemos relacionado y vienen a nuestras vidas en esta encarnación por primera vez, no por karma, sino simplemente por vibración.

ALMAS COMPAÑERAS

1-Relaciones kármicas: Existen almas compañeras con las que nos hemos relacionado en vidas pasadas y arrastramos con ellas un karma que nos enlaza y condiciona para bien o para mal nuestra relación.
2-Relaciones Dhármicas: Existen almas compañeras con las que no nos hemos relacionado y vienen a nuestras vidas en esta encarnación por primera vez, no por karma, sino simplemente por vibración.


Una vez explicado todo esto, quedamos en mejores condiciones de meditar sobre nuestra vida amorosa, quedamos en condiciones de entender mucho mejor qué es lo que nos pasa y nos ha pasado, y quedamos en condiciones de poder clasificar a cada uno de los amores que hemos vivido, y de los amores que vendrán. Porque al final, el camino de regreso a Dios, pasa por religarnos (y es esta la única y verdadera religión) con nuestros 63 familiares originales que partieron de Dios a nuestro lado desde el principio de los tiempos. 

viernes, 26 de septiembre de 2014

SEXO Y ESPIRITUALIDAD

 
SEXO Y ESPIRITUALIDAD

 

Pocas palabras existen que nos hagan reaccionar más velozmente que la palabra SEXO. De ahí su magia, su encanto y su poder de sugestión. Es una palabra imantada, que nos produce atracción o repulsión, según cómo estemos programados para ella, pero jamás nos produce indiferencia.
 
Como del sexo depende la misma existencia humana, ninguna sociedad ha podido obviar su papel esencial en nuestras vidas. Todos estamos posicionados ante el sexo, todos mostramos un tipo de sexualidad o varias. Incluso, los que se declaran abiertamente asexuales, están mostrando una postura ante el sexo.
 
Sobre el sexo podríamos hablar largo y tendido, pero en este caso, deseo referirme al modo en que entendemos el sexo desde la luz de la metafísica, de la parapsicología, y del resto de las miradas espiritualistas que existen. Quisiera hablar de la relación que existe entre el sexo y la evolución espiritual del ser humano.
 
Es muy común entre las personas, la creencia de que un ser espiritualmente avanzado es alguien que se ha liberado del sexo, alguien en quien la pulsión sexual ha muerto o nunca ha existido. Por tanto, en cuanto escuchan la palabra sexo en boca de alguien, o ven a alguien que se muestre amable ante ella, que hable sin rechazos respecto al sexo libre, u otro tipo de sexualidad, o que rechace la idea de la fidelidad sexual, ya es visto como sospechoso y como persona poco evolucionada espiritualmente. Y yo creo que al juzgar así cometemos un error.
 
Hablando de sexo casi siempre cometemos un error cuando generalizamos. Existen tantas sexualidades como personas existen. El sexo tiene la peculiaridad, de permitirnos manifestar nuestro verdadero yo cuando lo practicamos. El modo en que entendemos y practicamos sexo y nuestros gustos y preferencias sexuales nos definen mucho más que el modo en que nos vestimos, o nuestros gustos culinarios, o nuestras ideas religiosas o filosóficas, o estéticas o artísticas.
 
No nos enseñan a comportarnos en el acto sexual, o al menos, no recibimos tanto volumen de información como sí sucede con otras materias de la vida, así que es mucho más fácil conocer a una persona cuando practicamos sexo con ella, o cuando lo observamos practicando sexo, que cuando hablamos con ella sobre sus ideas políticas, éticas, morales, estéticas, religiosas, filosóficas, culinarias, etc. Ya sólo por eso, el sexo resulta un fenómeno extremadamente interesante para un científico social. Además, el sexo es ese espacio donde se hace necesario y es conveniente que seamos nosotros mismos, porque si no lo somos, estaremos perdiendo la oportunidad de disfrutar de él a cabalidad, y en el sexo, casi siempre es de eso de lo que se trata. Es cierto que también practicando sexo, alguien puede mentir, pero está claro que es uno de los contextos en los cuales mentir es más complicado. Cuando una persona te conoce sexualmente, se puede decir que conoce mucho de ti.
 
Pero no nos engañemos, el sexo es un tema tabú. Lo ha sido desde hace siglos y aún hoy, a pesar de todo lo que hemos avanzado en este aspecto, sigue siendo un tema tabú. Hay personas a las que les cuesta mucho trabajo poner en su boca la palabra sexo. Hay personas que necesitan sustituir la palabra sexo, por la expresión “hacer el amor”, y aunque no sea complicado diferenciar una cosa de la otra, la realidad es que muchas veces decimos que estamos haciendo el amor, cuando en realidad lo que estamos es practicando sexo.
 
De hecho, el amor es otra de las grandes palabras que desconocemos su significado. Por tanto, ¿Cómo vamos a hacer el amor, si ni siquiera sabemos qué es el amor? Para hacer algo, primero debemos conocer ese algo, y la verdad es que los seres humanos confundimos constantemente el amor con el miedo. La humanidad en buena medida, no ama, sino teme, o para ser más exactos, teme más de lo que ama.
 
Cuando un hombre o una mujer se pone a buscar pareja, muchas veces coloca en su lista de prioridades, el que esa persona le vaya a ser fiel y que sea una persona que le vaya a dar una vida cómoda. Lo segundo, ya sabemos que nada tiene que ver con el amor, y lo primero, si lo analizamos bien, tampoco. Amar es entregarse. Quien te ama de verdad, trata de hacerte feliz a toda costa, y quien te apresa y te limita, no te hace feliz.
 
En este punto tenemos que hablar de uno de los problemas que más entorpece el que lleguemos a un consenso sobre la problemática sexual, y es que hombres y mujeres, no tenemos por naturaleza, un mismo comportamiento sexual, y cuando las diferentes sociedades han intentado homogeneizarnos en este aspecto, cuando han pretendido hacer que tengamos hombres y mujeres un comportamiento sexual uniforme, no han hecho otra cosa que hacernos infelices.
 
Hoy en día, no nos damos cuenta que nuestro comportamiento sexual está tremendamente viciado por un montón de ideas éticas, morales, filosóficas, religiosas, estéticas, que nos impiden ser nosotros mismos, y lo peor del caso, es que muchas de esas ideas no nos llevan, a mi modo de ver, por el camino correcto. Nos llevan en muchos casos a la monogamia, pero al menos, en mi opinión, no creo que éste sea el camino correcto que debe seguir la humanidad, y trataré de explicar por qué.
 
Evidentemente, la monogamia representa un paso evolutivo en las sociedades humanas hasta cierto punto, pero como casi todas las ideas, empiezan siendo revolucionarias y por tanto, buenas, pero luego con el tiempo, se convierten en ideas reaccionarias y por tanto en obstáculos para el  desarrollo humano. Y con la monogamia ocurre esto, ni más ni menos.
 
Muchos humanos hemos visto en la práctica de la monogamia un avance social, y desde luego, visto desde cierto punto de vista, lo ha sido, y eso es innegable. El problema está cuando absolutizamos sus ventajas y obviamos sus defectos, y no nos permitimos pensar y comprender que la monogamia es un vehículo que nos ha llevado y nos llevará hasta cierto punto del camino del crecimiento espiritual, pero luego necesitaremos abandonarlo.
 
Nuestras leyes sociales, nuestra moralidad, son el reflejo exacto de las sociedades que las han parido, pero el ser humano se va mejorando, va evolucionando hacia la espiritualidad en unos casos, y hacia la materialidad en otros, alternando procesos históricos de 5125 años. Yo me referiré al ser humano que evoluciona hacia la espiritualidad, porque el 21 de diciembre de 2012, ha comenzado un nuevo período de crecimiento espiritual humano y por tanto, toda la raza humana, quiera o no, se encamina hoy por hoy en esa dirección.
 
Si queremos saber quiénes somos en verdad, y cuál es la esencia de la sexualidad humana, si queremos mirarla desnuda y cara a cara, estaría bien que estudiáramos el comportamiento sexual de los animales más evolucionados y por tanto, más cercanos a nosotros. Y se hace necesario que lo hagamos sin la idea despectiva de: “Los animales no tienen nada que enseñarnos porque ellos son inferiores a nosotros”, o eso que tanto se dice: “Nosotros no somos animales”.
 
En primer lugar, nosotros sí somos animales, y en segundo lugar, deberíamos reconocer que en el reino animal, muchas veces encontramos comportamientos más humanos que en nuestras sociedades. Por otro lado, los animales tienen capacidades que el ser humano ha olvidado, como la posibilidad de compartir el conocimiento, de manera tal que basta con que un perro aprenda una cosa, para que esto facilite que el resto de los perros aprenda lo mismo.
 
Hoy, como el ser humano desconoce esta capacidad en los animales, no digamos ya en sí mismos, no deja de asombrarse ante el comportamiento aparentemente humano de muchos animales. Hoy nos encontramos a animales que son capaces de mirar las luces del semáforo antes de cruzar una calle, vemos a animales utilizando técnicas de pesca, vemos a animales alimentando a otras especies, vemos a muchos animales liberados del miedo que tradicionalmente los hacía salvajes y agresivos, etc.
 
En la misma medida en que el ser humano ha ido interactuando y educando a los animales, esos animales educados, han ido trasladando a la conciencia colectiva de su raza, toda esa información, y de este modo, lo han transmitido de manera irracional el resto de seres de su raza.
 
Los seres humanos hacemos lo mismo, compartimos información gracias a nuestra nube de conciencia colectiva, y lo hacemos, claro está, de manera irracional, no hemos dejado de hacerlo nunca, pero nuestra conciencia racional obstaculiza mucho este proceso de aprendizaje y lo hace mucho más lento que en el reino animal.
 
Algún día el ser humano, cuando comprenda que esto de vernos separados e individualizados es una ilusión, aprovechará mejor esta capacidad que tenemos olvidada o atrofiada, de enviar información a la nube humana, a la conciencia colectiva, para que luego, todos la utilicemos.
 
El ser humano ha creado la Internet como gran base de datos y como mecanismo de intercomunicación eficaz, lo mismo que ha creado el teléfono para comunicarse, pero un día descubrirá que no necesita estos intermediarios electrónicos, porque en realidad, tenemos la capacidad mental de comunicarnos telepáticamente y tenemos la capacidad de lanzar a la “nube humana”, toda la información de la raza, para que de este modo, todos puedan utilizarla.
 
Pues bien, una vez en condiciones de ver a los animales como seres portadores de un conocimiento ancestral que en muchos casos, la humanidad debería reaprender. Una vez en condiciones de mirar a los animales como auténticos dioses, fijémonos con respeto, en el modo en que ellos se comportan sexualmente en sus sociedades, porque tal vez, el modo en que ellos organizan sus sociedades, sea más sabio que el modo en que lo hacemos nosotros.
 
En las sociedades animales, los machos sienten una pulsión sexual innata hacia casi todas las hembras, y luchan entre ellos por el derecho a poseerlas a todas. Esto no está ni bien ni mal, simplemente es, y si es, es necesario, es decir, Dios, en su infinita sabiduría, así lo dispuso. Gracias a esta pulsión masculina por todas las hembras, y la sabiduría femenina para dejarse fecundar por el mejor macho, se ha garantizado durante millones de años, la evolución de las especies, desde las formas inferiores, hasta las formas superiores. El ser humano, de hecho, es el resultado de esta pulsión masculina, y de este instinto selectivo femenino, así que es un poco loco, ir en contra de estas peculiaridades de ambos géneros, cuando son en verdad, nuestros auténticos padres.
 
Los animales superiores muestran de manera natural estos comportamientos: Los machos luchan entre sí, y de esa lucha, quedan descartados los machos más débiles y por tanto, los de peores genes. De este modo, se garantiza que los machos más evolucionados sean quienes fecunden a las hembras y de este modo, se mejora la especie. Esto no es bueno para los machos más débiles, pero sí es bueno para la especie en general.
 
Las hembras animales no se compadecen de esos machos más débiles. Las hembras animales se entregan al macho que gana la disputa para conseguir el derecho a poseerlas. Y como para las hembras, lo más importante es ser fecundadas, incluso, se dejan poseer por otros machos que son lo suficientemente hábiles para burlar la vigilancia del macho dominante, cuando éste no se muestra lo suficientemente capaz de satisfacer a todas las hembras.
 
Pues bien, en la humanidad, se dan todos estos comportamientos, pero en nuestro caso, a diferencia de los animales, los varones rechazamos ciertos comportamientos instintivos femeninos, y las mujeres rechazan ciertos comportamientos instintivos masculinos, y entre unos y otros, rechazamos a Dios, porque nos ponemos a cuestionar su inteligencia y sus disposiciones, manifestadas a través del orden natural.
 
Los animales no sufren por esto, porque lo comprenden, o tal vez porque no tienen capacidad para plantearse cambiar el mundo, como lo hace el ser humano. Los machos se pelean por las hembras de manera fraternal. No perdamos de vista que ellos por lo general, no se matan en estas riñas, les basta con dejar claro quién manda. Y las hembras no sufren porque los machos dominantes copulen con el resto de las hembras.
 
Sin embargo, las hembras humanas, dando por válido la creencia de que lo ideal es la monogamia, han entrado en conflicto con el impulso instintivo que se conserva en los machos humanos, y que les hace sentir pulsiones sexuales por casi todas las hembras. Hoy por hoy, les cuesta mucho trabajo comprender a muchas mujeres, que los hombres desean sexualmente a la mayoría de las mujeres, no porque sean malos, sino porque esto es una peculiaridad intrínseca al género masculino.
 
Considerar enfermizo este comportamiento de los varones humanos, es precisamente la causa de la enfermedad humana. La humanidad está enferma, justamente por vivir negativamente sus impulsos sexuales contrarios a la idea de la monogamia. Y en esta lucha humana por defender las banderas de la monogamia, sufrimos, desfallecemos y nos convertimos en seres infelices. Casi a diario son descubiertos señores muy respetables, ricos y famosos, siéndole infieles a sus mujeres, y todavía algunos se preguntan cómo es posible que esos señores tan respetables han perdido los papeles de este modo tan absurdo.
 
Muchos varones humanos sufren al sentir estas pulsiones sexuales dentro de ellos. Se sienten malos por sentir lo que sienten, y se fustigan, y se castigan por sentir lo que sienten, y luchan desde sus mentes, para arrancar de sus cuerpos dichas pulsiones. Ven estas pulsiones como el demonio, como el diablo que los habita, sin comprender que estas, no son otra cosa, que la mano de Dios, que no son otra cosa, que la voluntad de Dios manifestada en la creación humana.
 
 Los varones sufren en muchos casos en silencio y aceptan a regañadientes la monogamia, porque aunque la sociedad le ha enseñado que esto es lo moralmente correcto, ellos siguen sintiendo en su interior, esas lógicas pulsiones sexuales que se oponen a esta manera de encausar la sexualidad.   
 
Las mujeres, en cambio, sí que encuentran razones para defender la monogamia. ¿Por qué? Pues porque ellas tienden a serlo por naturaleza. La mujer tiende a ser selectiva antes que promiscua. Y sobre todo, durante el período reproductivo, el necesitar de un hombre que proteja a sus hijos, las hace atarse al padre de las criaturas y luchar porque éste no se vaya con otras mujeres.
 
Por tanto, el hecho de que las mujeres tengan poderosas razones para defender la monogamia, y los hombres tengamos poderosas razones para enfrentarnos a ella, trae como consecuencia que en este punto, hombres y mujeres no seamos capaces de ponernos de acuerdo.
 
Ahora bien, esto no quiere decir que en todos los casos, las mujeres acepten de buen grado la monogamia. En esas etapas de la vida en la que ellas no están pensando en ser madres (algunas deciden no serlo jamás) prefieren lógicamente, mantenerse libres sexualmente, poder gozar de la sexualidad sin ataduras, lo mismo que los hombres, pero se encuentran con sociedades machistas que las critican, y en muchos casos, con la  crítica feroz de esas mujeres que se han reprimido y se mantienen monógamas a sangre y fuego. Y bueno, como el peso de la sociedad es tan grande, muchas veces las mujeres liberadas, sufren el peso de la autoconciencia, pues a veces ellas mismas, se fustigan y se sienten sucias e indignas por llevar sobre sus espaldas una abultada lista de su agenda de contactos sexuales.
 
Hay mujeres que desde su mente, matan sus impulsos sexuales, usando en muchos casos, sus ideas religiosas. Equiparan sus pulsiones sexuales al demonio, al anticristo, cuando como ya dije, en realidad, esas pulsiones son la presencia de Dios en nuestros cuerpos y en nuestras dinámicas biológicas. Hay una palabra a la que la mujer le tiene pánico, y es la palabra PUTA. Cuando una mujer escucha esta palabra, reacciona inmediatamente, de un modo u otro, según cómo tenga archivada en su conciencia la susodicha palabra, pero en ningún caso le resulta indiferente.
 
¿Cuántas mujeres hay sobre la faz de la tierra, que se sienten “putas”, que sienten que en realidad son unas “putas” reprimidas, al comprobar que sus impulsos sexuales no se corresponden con los impulsos sexuales propios de una mujer honrada y de bien? Muchas mujeres gastan toneladas de su energía espiritual, emocional y mental, en ocultar la puta que llevan dentro. La “puta” que llevan dentro es su gran secreto, y sólo la dejan salir, en ocasiones muy concretas, como cuando se emborrachan, o cuando están practicando sexo en condiciones aceptadas por la sociedad.
 
Es ahí, cuando la “santa” puede por fin, liberar a la “puta” que lleva dentro. Y cuando la “puta” es liberada, la mujer siente en su alma un gran alivio, porque por fin puede ser ella misma en toda su totalidad. Todos estos comportamientos femeninos que implican represión de su sexualidad, inducidos por nuestra moralidad, llevan a la mujer a la enfermedad mental. Por eso es que todo el mundo dice que no hay nada peor que una mujer sin sexo, porque su carácter se le endurece mucho y se convierte en una persona insoportable.
 
La mujer en nuestras sociedades, se enfrenta al doble sufrimiento de tener que reprimir su sexualidad, y al sufrimiento de tener que luchar contra el instinto “depredador” del hombre en materia sexual. Una vez que la mujer se ha emparejado, entonces desea que su pareja se olvide del resto de las mujeres del mundo y mate su instinto sexual polígamo. Es en esos momentos en que a las mujeres les cuesta más comprender que para los varones, la idea de la monogamia, resulte insostenible, o al menos, contraproducente.
 
Hay mujeres que dicen: “Existen hombres que practican la monogamia normalmente”. Esto es cierto, hay hombres que practican la monogamia normalmente en sus vidas, pero la realidad es que este tipo de prácticas, no los hace felices, y más infeliz será el hombre, mientras menos evolucionado espiritualmente esté, y por tanto, más apegado a la materia.
 
El hombre practica la monogamia, fundamentalmente, por evolución espiritual, pero más que nada, porque sabe que la práctica de la fidelidad sexual, hará felices a sus parejas. Un hombre, puede ser fiel sexualmente, por amor a su mujer, pero no por amor a sí mismos. Y hay mujeres que piensan que esto es lo mejor y lo correcto. Piensan que el amor que ellos sienten por ellas, debería ser un motivo suficiente para que se mantengan fieles y no miren nunca a otra mujer.
 
Y esta idea parece lógica, pero no lo es tanto. ¿Por qué? Porque cuando una mujer dice: “Porque me amas, debes serme fiel”, no se da cuenta de que quien está hablando por ellas es el ego, y es el miedo, y no el amor. La mujer que habla desde el amor, lo que debe decir es: “Porque te amo, me entrego a ti, soy tuya, y haré todo lo que sea necesario para que tú seas feliz”. Y un hombre no puede ser feliz si para hacer feliz a su pareja, debe violar su naturaleza sexual.
 
Amar es entregarse, no apresar al objeto de nuestro amor. Cuando nos proponemos apresar al ser amado, lo hacemos desde el miedo y desde el ego, pero no desde el amor y desde el espíritu. Es aquí donde debemos trabajar los humanos, para aprender a amar correctamente y para permitirnos ser una sociedad sana y feliz, pero esto implicará, desde luego, dinamitar la imposición de la fidelidad sexual y de la monogamia, por más que ahora mismo nos cueste trabajo aceptarlo.
 
En otro orden de cosas, hay que apuntar que los varones también sufren el comportamiento sexual femenino que las lleva a ellas a buscar al macho alfa. Según la evolución espiritual de la mujer, entenderá por macho alfa a un ser materialmente dotado, o a un ser espiritualmente dotado. Pero hoy por hoy, la mayoría de las mujeres encuentran al macho alfa en esos hombres materialmente dotados, tanto física, como económicamente.
 
Sorprende ver lo relativamente fácil que resulta para un hombre rico, hacerse con los amores de una mujer hermosa, para el desconcierto de los hombres que han visto a esas mismas mujeres reconocer que lo esencial es invisible a los ojos y que lo más importante son los sentimientos. Y también sorprende a los hombres, ver cómo ciertas mujeres que han apostado por la vida intelectual, cuando se enamoran y quieren conquistar a un hombre, no lo hacen luciendo sus atractivos intelectuales sino yendo a lo de toda la vida, un buen escote y unas ropas ceñidas, unos labios encendidos y una sonrisa complaciente.
 
Tal parece que la riqueza funciona para las féminas como un poderoso imán. Pero lo interesante del caso, es que muchas veces sucede que los hombres que son ricos, no son especialmente buenas personas, o no son precisamente ese tipo de hombre dispuesto a sacrificar su libertad sexual. Todo el que tiene dinero y poder, quiere ser libre sexualmente, porque tiene bien claro, que su felicidad depende en buena medida de esa libertad sexual.
 
 Algunos de estos hombres ricos y poderosos, no son ni siquiera jóvenes ni apuestos. Sin embargo, ellos siguen constituyendo un imán para muchas mujeres. Incluso, el matón de barrio, el chico malo, sigue siendo muy atractivo para las mujeres. Y esto es algo que muchos hombres no terminamos de comprender del comportamiento femenino.
 
¿Por qué premian las mujeres a los hombres ricos y a los hombres malos, si son justamente ellos los que son más propensos a engañarlas o a negarles su amor en exclusiva? Tal vez las mujeres no tengan respuestas racionales y razonadas para este asunto. La respuesta nace de su irracionalidad, de ese impulso que hace a la hembra ser selectiva y buscar al macho dominante, aunque vivamos en sociedades donde en muchos casos, la idea del macho dominante y la idea del buen hombre difieran.
 
Sin embargo, lo curioso es que las mujeres responden a su irracionalidad, con una sonrisa, les parece gracioso y hasta divertido. En cambio, ellas responden a la irracionalidad masculina, esa que lleva al varón a desear a la mayoría de las mujeres, con un gran enfado. En tal sentido, dejan de ser justas las mujeres, porque asumen su propia irracionalidad y la irracionalidad del sexo opuesto, con diferente talante.
 
Luego, si particularizamos, nos encontramos con que el fenómeno de la búsqueda de pareja y los emparejamientos, es mucho más complicado, porque casi siempre responde a programas familiares, a karmas familiares que nos empujan a repetir en nuestras relaciones de pareja determinados patrones que heredamos de nuestros padres y abuelos. Sería interesante realizar una encuesta que nos diga qué número de parejas compuestas por hijos de padres divorciados, terminan divorciándose, y qué cantidad de parejas estables, son hijos de padres que han vivido casados toda la vida. Posiblemente hallemos en estos cálculos, una correspondencia evidente, que nos permita concluir que en ambos casos, unos y otros han respondido siguiendo los patrones familiares de conducta.  
 
También sucede que las mujeres cuyos padres han sido maltratadores, terminan emparejándose con hombres maltratadores, o esas mujeres cuyo padre ha sido alcohólico, se buscan parejas a quienes les guste la bebida, porque es un modo irracional de justificar al padre. O la hija de una mujer que se casó por dinero y no por amor, podría hacer ella lo mismo, buscarse para ella a un hombre con dinero para casarse obviando los sentimientos, y de este modo, consigue de manera irracional, justificar a su madre.
 
Concluyendo, la fidelidad sexual y la monogamia, resultan mucho más fácil de asumir para una mujer que para un hombre, no sólo por el hecho de que las mujeres tienden por naturaleza a la monogamia durante el período reproductivo, sino por el hecho de que como bien sabemos, todos deseamos más aquello de lo que carecemos, y como las mujeres no carecen de hombres, porque ellos siempre están disponibles, entonces ellas no sienten hambre de varones.
 
Por eso es que las mujeres buscan amor y los hombres sexo. No es porque los hombres seamos de Marte y las mujeres de Venus, es simplemente porque ambos buscamos aquello que no tenemos. La mujer no se siente carente de sexo, se siente carente de amor. Por eso es que para ellas resulta muy importante ver cómo reacciona el hombre una vez terminado el acto sexual. La gran duda de la mujer es: “¿Me quiere, o sólo quiere acostarse conmigo?
 
En el caso de los hombres es diferente. No es que los hombres estemos mal dotados para el amor. Los hombres podemos enamorarnos tanto como cualquier mujer, pero es cierto que al menos en el 80% de los hombres, la necesidad sexual llega incluso a nublar en sus mentes la claridad sobre la idea de si están amando o no. Muchas veces, el varón sabe con certeza si está amando a una mujer o no, después de hacer el amor con ella.
 
El problema está en que el cerebro del hombre produce más testosterona que el cerebro de una mujer y por tanto, incluso biológicamente, el varón está más condicionado genéticamente hacia la sexualidad. Hace años me contaba un entrenador de la selección nacional de atletismo de mi país, que a las jóvenes atletas, para mejorar su rendimiento, se les inyectaban hormonas masculinas, y me contaba que ante esto, ellas reaccionaban sintiendo unas necesidades anormales de tener sexo, y aquellas que no tenían pareja, pedían a sus compañeros varones, que por favor, les hicieran el amor. Sin embargo, en condiciones normales, las mujeres dicen: “Yo puedo estar mucho tiempo sin hacer el amor, pero que nadie me toque, porque si me ponen la mano encima y me acarician, entonces ya no podré controlar las ganas”.
 
El hombre en cambio, no necesita que lo toquen para activar sus pulsiones sexuales. Al hombre le basta con mirar, con ver. La visión de una mujer hermosa puede activar en él unas ganas poderosas de tener sexo. Si hacemos el siguiente experimento: Tomamos a dos jóvenes, de sexo opuesto, de 20 años de edad cada uno, sanos y atractivos, y los hacemos pasar la noche juntos desnudos en una cama estrecha, donde no puedan evitar sentir la presencia del cuerpo del otro, y les ponemos la condición de que no pueden mantener relaciones sexuales. ¿Qué ocurrirá? Pues ocurrirá que ya el hecho de prohibirles tener sexo, se convertirá en una motivación para tenerlo. Posiblemente ambos se pasen la noche muy excitados, pero la excitación sexual que experimentará el varón, a diferencia de la excitación sexual que experimentará la hembra, a él le resultará dolorosa, porque tendrá erecciones, y cuando su pene lleve en erección más de 45 minutos, le comenzará a doler. Con los testículos le pasará otro tanto, se llenarán de semen y empezarán a doler, y el hombre, con toda su zona genital adolorida, va a empezar a pensar que si penetra a la chica, terminarán todos sus sufrimientos. Incluso, con tan sólo rozar su pene con la piel de la chica, él ya sentirá alivio a su dolor, y sucederá que los cuerpos de ambos, los cuales tienen una conciencia de naturaleza irracional, lucharán por facilitar la cópula. La vagina de la chica quedará perfectamente dilatada, húmeda y receptiva, y el pene del hombre quedará también lubricado y firme, y las posibilidades de que sus mentes racionales terminen siendo vencidas, es altísimo. Una vez excitados y en la cama, tanto el cuerpo del hombre como el cuerpo de la mujer cooperarán facilitando el acto sexual, pero la diferencia está en que los hombres se activan sexualmente, con sólo ver a la mujer, mientras que las mujeres se activan sexualmente a otro ritmo y a otra velocidad. Y a veces son tantas las barreras psicológicas que tienen las mujeres que le impiden abrirse a la sexualidad, que necesitan ayudarse del alcohol u otro tipo de estimulante. He conocido a chicas que me han dicho: “Yo, la primera vez que hice el amor, mi pareja prácticamente me forzó a ello, pero lo agradezco, porque de no ser así, nunca me habría atrevido a dar el paso”.
 
 El varón, por lo general, necesita copular, y esta pulsión es tan fuerte, sobre todo entre los 15 y los 35 años, que termina doblegando en su mente, cualquier otra consideración, a no ser que estemos hablando de un hombre que tenga sus necesidades sexuales cubiertas o que sea un hombre quien por evolución espiritual haya sido capaz de trascender esa fase en la que el impulso sexual es la manera principal en que el hombre manifiesta el amor. Sentir la pulsión sexual, muchas veces es vivido por el hombre, como una maldición, como una pesadilla, porque siente que su pene toma las riendas de su vida, y eso es algo que no siempre hace gracia. Los hombres quisieran enamorarse y dejar que sea el corazón quien lleve las riendas de las relaciones, pero esto no siempre es posible. El hombre necesita hacer el amor, y una vez que lo hace, encuentra la paz, y sólo entonces su cerebro queda en condiciones de pensar con claridad.
 
Los varones somos muy primarios. Una vez, una amiga de mi pueblo, me hizo un pormenorizado análisis de todos sus posibles candidatos a pareja existentes en la ciudad. Fue yendo uno por uno, y diciéndome todos los pros y los contra que tenía con cada uno de ellos, y en ese análisis entraba la compatibilidad o falta de ella en un montón de aspectos, los padres, la condición económica, el modo de vestir, los gustos particulares de cada cual, sus ideas políticas y religiosas, en fin. Yo me quedé muy sorprendido, porque cuando los chicos hablan de chicas, sólo comentan cosas relacionadas con su cuerpo, que su cara, que si su sonrisa, que si los pechos, que si el culo, que si las piernas, que si es virgen, todas las consideraciones están relacionadas directamente con la mujer en cuestión, y siempre tiene preponderancia el cuerpo.
 
Cuando a un hombre le gusta una mujer, primero le entra por los ojos, y su belleza física literalmente lo hipnotiza. Luego, el amor puede surgir o no, ya esto es más complicado. Pero es cierto que los hombres más enamoradizos, son esos que les cuesta más trabajo poner en palabras su amor, y lo mismo, ponerse a seducir a las mujeres para convertirlas en sus parejas. El amor paraliza, y mientras más amas a una mujer, más imbécil parecerás ante ella. Esos hombres que se comen el mundo, que se muestran seguros de sí mismos, amparados casi siempre en su dinero o en su belleza física, son los que menos se enamoran, y los que más juegan con las mujeres, pero eso pasa justamente, porque es ese tipo de hombre el que más atractivo resulta a las mujeres.
 
Algo que se repite constantemente en la vida de la mujer adolescente, es el enamorarse todas de un mismo chico. En la adolescencia, muchas chicas no tienen formada su personalidad y casi siempre hay una líder que les impone sus gustos y criterios. Cuando una de estas líderes pone sus ojos en un chico, el resto de las chicas se enamoran de él, y esos chicos tan atractivos y solicitados, muchas veces se dedican a conquistar al mayor número posible de chicas. Y muchas de ellas, aún viendo con sus propios ojos, como ese chico juega con todas y va de Don Juan y de pica flor, tiende a pensar: “Conmigo será distinto. De mí sí se enamorará”. Y muchas mujeres, aún con la duda alojada en su mente, se arriesgan a probar, y piensan: “Bueno, si todo termina en un fiasco, al menos habré disfrutado de él y me reportará popularidad y éxito, el haber sido la novia del chico por el que todas babean.
 
La mujer no quiere que jueguen con ella, pero siente una atracción fatal hacia ese tipo de hombre. He conocido a mujeres que me han dicho: “Sé que ese hombre no me ama ni me amará nunca, y sé que es un mujeriego, pero sé que si una noche me lo encuentro en la calle, y se encapricha en mí, no tendré fuerzas para rechazarlo, y terminará haciendo conmigo lo que quiera. He aquí una muestra clara de la irracionalidad femenina.
 
Los varones, por su parte, en sentido general, sienten mucha hambre de mujeres, más hambre de lo que debería ser normal. ¿Por qué? Pues porque la mujer, por naturaleza, tiende a ser selectiva y esto se convierte en rechazo para muchos hombres. Las mujeres no se van acostando con todos los hombres que le muestran deseos, y se vuelven más infranqueables de lo normal por el hecho de ser impulsadas socialmente a reprimir su sexualidad natural.
 
Si un hombre y una mujer que no se conocen, por casualidad coinciden en un ascensor, y en medio del trayecto, al hombre se le ocurre acariciar los pechos y los genitales de la chica, ella se sentirá violada y el susto que se llevará será mayúsculo. Tratará de escapar y es muy probable que acuse de violador a esa persona y tratará de que termine en la cárcel para que más nunca agreda a ninguna mujer. En cambio, si en ese mismo ascensor, es ella quien se atreve a buscar con su mano los genitales del hombre, el hombre deseará que el edificio tenga 300 pisos para que el viaje no termine nunca. He aquí un buen ejemplo de la diferencia entre cómo vive la sexualidad una mujer y cómo la vive un hombre. Cuando yo tenía 16 años, una buena amiga se me acercó y me dijo: “Hoy perderé la virginidad”. Yo en cambio, había metido un condón en mi cartera, pensando que sería bueno estar preparado por si lo de perder la virginidad me ocurría en algún momento inesperado. Es decir, por regla general, las chicas pierden la virginidad cuando quieren, y los chicos, cuando pueden. He aquí otra diferencia importante.
 
Como hemos visto, los hombres lo tienen mucho más complicado para conseguir sexo, y por eso terminan rebajándose al sexo por dinero y a otras perversiones como las violaciones, el exhibicionismo, la masturbación compulsiva, el voyeurismo, el sexo cibernético y telefónico, o la perversión de ir engañando a mujeres de autoestima baja, para gozar sexualmente de ellas. Detrás de los amores de película, se esconden e invisibilizan muchas relaciones sexuales o de pareja, llamémosle de consolación, que nada tienen que ver con los amores de cine.
 
Hay personas, tanto hombres como mujeres, que por su condición física, poco o nada agraciada, o por tener defectos físicos visibles, se ven excluidos del mundo del amor. Pasan los años y no consiguen, encontrar pareja. Nadie se enamora de ellos o de ellas, y terminan emparejándose con personas “quedadas” como ellos. Pero en estas relaciones de consolación, la base no es el amor, sino la necesidad de acompañarse y hacerse la vida más llevadera.
 
Hasta aquí he tratado de mostrar las peculiaridades de la sexualidad humana, haciendo énfasis en la entronización de la fidelidad sexual y de la monogamia, y he tratado de apuntar los conflictos que esta manera de entender la sexualidad provoca al ser humano. Sin embargo, se hace necesario mencionar otros grandes pilares que sostienen la monogamia y la creencia en la fidelidad sexual como el modo ideal de canalizar nuestra sexualidad y de llevar adelante de manera óptima nuestras relaciones de pareja.
 
En la antigua Grecia, las mujeres eran libres de practicar sexo con todo aquel que quisiera, por tanto, los hijos sabían a ciencia cierta quién era su madre, pero no siempre tenían claro quién era su padre. Incluso, en determinadas festividades, como las dedicadas al dios Dionisos, como un modo de rendirle culto y de favorecer la fertilidad de la tierra, todos bebían desmedidamente y mantenían relaciones sexuales todos con todos en medio de una gran orgía.
 
Esta actitud ante la sexualidad, tenía la ventaja de que todos los hombres se sentían padres de todos los niños. Había un sentimiento de paternidad hacia la comunidad, que los mantenía a todos unidos y cohesionados, y como los hombres y las mujeres no tenían la necesidad de vivir reprimiendo sus impulsos sexuales, eran todos muy felices y mucho menos neuróticos que nosotros.
 
Muchos dicen que una sociedad que practique el sexo libre, será una sociedad caótica e infernal. Sin embargo, la sociedad griega no era ni lo uno ni lo otro. Al punto de que los griegos nos dejaron la literatura, las matemáticas, el teatro, la arquitectura, la astronomía, la historia, la filosofía. Aún hoy, se siguen estudiando los conocimientos que los griegos aportaron a este mundo, y cuando tras un manto de cristianismo con su castidad sexual incorporada, la humanidad se sumió en 10 siglos de oscuridad, entre el siglo III de Cristo y el siglo XIII de nuestra era, la humanidad debió volver sus ojos a los griegos y romanos para volver a avanzar. Lo que hoy conocemos como "El Renacimiento" no fue otra cosa que el sacudirse el ser humano del largo letargo de 10 siglos impuesto por al ser humano por sociedades que colocaron al dios cristiano en el centro de sus vidas. Pero al final, no le quedó más remedio a la humanidad que volver a mirar a Grecia y a Roma.
 
Los romanos, a diferencia de los griegos, pusieron su atención en el derecho, ellos quisieron dirigir sus vidas desde sus conciencias y no desde la conciencia natural o lo que es lo mismo, la conciencia de Dios. Crearon un sistema de leyes muy interesantes, que siguen siendo hoy la base de nuestra legislación. Pero el derecho romano tenía un gran problema. Para poder determinar las herencias que dejaban los padres a los hijos, era necesario que los hijos supieran quién era el padre, porque las propiedades siempre estaban en manos de los hombres.
 
Bien pudieron haber puesto las propiedades en manos de las mujeres, pero en una sociedad patriarcal como la romana, eso era imposible. ¿Cómo lo resolvieron? Pues violando el orden natural. Haciendo que las sociedades dejaran de ser polígamas por ley, para convertirse en sociedades monógamas donde todo hijo debía saber quién era su padre.
 
Los mandatarios, hipócritamente, al tiempo que condenaban a los hombres a la monogamia, se mantenían polígamos conservando sus grandes harenes repletos de mujeres. Es decir, le dieron monogamia al pueblo, pero no se dieron monogamia a sí mismos.
 
Otro fenómeno asociado a la monogamia, fue que el trabajo de las prostitutas se convirtiera en un trabajo indigno, cosa que antes no lo era tanto, pues hasta la misma emperatriz Mesalina era capaz de competir sexualmente con cualquiera de las prostitutas de la época.
 
El otro pilar sobre el cual se sustenta la monogamia, es la religión cristiana. Cuando Jesús llegó a la tierra, sus seguidores no fueron capaces de comprenderlo en toda su magnitud. Tomaron de él lo que pudieron, y a su muerte, se propusieron a toda costa, convertirlo a la vista de todo el mundo, en un santo, en el Mesías, en el hijo de Dios. Y no es que no lo fuera, seguramente lo fue, pero ni siquiera al hijo de Dios, fueron capaces los hombres de escuchar y de seguir y de creer a pie juntillas en sus palabras y en su ejemplo.
 
Aquellos hombres entendían que un hijo de Dios tenía que estar libre del impulso sexual y mucho más aún, de la fornicación, pues esto era lo que enseñaban las escrituras sagradas de las religión judía, y lo mismo, la tradición legislativa romana, trataron de borrar de la vida de Jesús, toda presencia femenina. Las relaciones amorosas que tuvo con María Magdalena, fueron ocultadas, y a esta buena mujer, la obligaron a marcharse de Judea, terminando sus días en la península itálica.
 
Si los seguidores de Jesús hubieran copiado el comportamiento de Jesús en materia de amor y de sexo, si lo hubieran entendido como un comportamiento santo, y no como un comportamiento del cual ellos se avergonzaban, la historia de la sexualidad humana, y la historia toda de los últimos 2000 años, hubiera sido muy distinta.
 
Entender el modo en que Jesús comprendía la sexualidad es complicado, por el simple hecho de que cada persona se comporta sexualmente según su grado de crecimiento espiritual. El ser humano poco evolucionado y apegado a la materia, identifica su yo, con su cuerpo físico. El ser humano evolucionado espiritualmente, siente que él es un alma que ha anidado en un vehículo físico. El ser humano poco evolucionado y material, practica una sexualidad donde el cuerpo y los placeres corporales están en un primer plano. El ser humano evolucionado espiritualmente, practica una sexualidad donde los placeres espirituales provocados por el enlace amoroso, ocupan siempre un primer plano, y el placer del cuerpo queda en un segundo plano. Por tanto, una cosa es el modo en que Jesús entendía su sexualidad, y otra bien diferente, era el modo en que sus discípulos entendían la sexualidad que él practicaba.
 
Otro aspecto que nunca se llegó a comprender de la sexualidad y la vida amorosa de Jesús es que María Magdalena era una mujer rechazada socialmente por haber practicado la prostitución y por ser una mujer a quien muchos daban por loca. Ella era el vivo ejemplo de la persona a quien nadie amaría. Pues bien, ¿qué amor, sino el amor de Jesús, podía ser tan grande y poderoso como para posarse sobre la persona de María Magdalena? ¿Qué luz mejor que la luz de Jesús, para alumbrar la vida de aquella desdichada? Jesús, amando a María Magdalena, mostró al mundo el tamaño y la naturaleza de su amor, pero esto no fue comprendido.
 
Jesús reconoció en María Magdalena a su alma gemela. Hay algo que la gente no sabe, y es que el ser humano necesita, para manifestar el poder de su divinidad, unirse en un acto de amor con su alma gemela. De hecho, el poder de Dios radica en que él es femenino y masculino al mismo tiempo. Esta es una ley inviolable, así que es equívoca esa idea que tenemos de los hombres santos, desligados de su doble femenina. En el mundo de la dualidad, todos somos una mitad necesitada de su completo. Uno de los grandes errores de la religión católica es que le dio a María, la madre de Jesús, el lugar que le correspondía a María Magdalena. En todas las grandes religiones, todos los dioses masculinos tienen su pareja, mientras que al pobre Jesús lo han querido emparejar con su madre.
 
Jesús amó a María Magdalena con todos sus cuerpos, también con su cuerpo físico, y este amor era puro y limpio. El sexo no es sucio en sí mismo, cuando está asentado sobre un sentimiento de amor. El amor siempre santifica al sexo. Lo que hace digno al sexo, no es que se haga dentro del marco del matrimonio, sino que se haga dentro del marco del amor. Una pareja de casados puede perfectamente estar fornicando si no están realizando el acto sexual empujados por la fuerza del amor. Aún casados, si es la fuerza de la lujuria, o la fuerza de la costumbre quien provoca el acto sexual, ellos estarán pecando, al menos si entendemos el pecado como apego a lo material. Cuando en el acto sexual se procura el cuerpo de la otra persona y no fundirse con su alma, se está pecando, y da igual que se trate de una pareja que viva en matrimonio.
 
Comprender esto, es esencial para que miremos la sexualidad de un modo correcto. Los seres humanos debemos evolucionar hacia un tipo de sexualidad basada siempre en el amor, pero para que esto funcione, debemos dinamitar la idea de que lo correcto es amar a una sola persona.
 
Jesús decía: “Amaos los unos a los otros”, y enseguida aparece alguien que salta para decir: “Si, pero Jesús hablaba de amor espiritual” y es cierto, hablaba de amor espiritual, pero mientras que Dios esté metiendo las almas humanas en envolturas materiales, la mejor manera de manifestar el amor espiritual que uno siente por su pareja, es deseando fundirse con ella en un solo cuerpo, y el cuerpo físico no tiene por qué quedar excluido. El cuerpo físico es tan puro y santo como cualquiera de nuestros cuerpos. El cuerpo espiritual pare al cuerpo físico, con la misma naturalidad con la que nuestro cuerpo físico pare su sombra. Tú cuerpo físico, es suma y reflejo de tus cuerpos espirituales. 
 
Cuando alguien ama a alguien, no es pecaminoso el impulso que siente hacia esa persona, impulso que estará bendecido por todos los chorros de energía que salen de nuestro cuerpo, incluidos el chorro de energía sexual.
 
En el estadio actual en que se encuentra la raza humana, proponernos mantener relaciones sexuales siempre impulsados por un sentimiento de amor auténtico, es una buena medida para crecer como almas. El error ha estado en creer que es el matrimonio quien santifica y purifica el acto sexual, y esto no es así.
 
Por tanto, está libre de ataduras de mantener sexo con todo el que quiera, quien es capaz de amar a todo el mundo. Quien piensa que amar a todo el mundo es imposible, está hablando desde su propia limitación personal para amar. Pero hasta el propio Jesús nos invitó a amarnos de ese modo, los unos a los otros, para ser como nuestro Padre Celestial que está en los cielos, que hace que el sol salga para justos e injustos, y que hace que llueva para justos e injustos.
 
En realidad, el amor de los humanos debería ser incondicional. El amor de los humanos no debería preguntarse si el ser amado se merece o no nuestro amor. El amor que salga de cada uno de nosotros, debería estar libre de ataduras. El que sea capaz de amar al prójimo, que lo ame, y el que no, que se dedique a ir aprendiendo. Y todo aquel que sea capaz de amar, que no se limite en manifestar en formas carnales ese amor si así lo siente necesario. Ahora bien, es cierto que todo ser evolucionado espiritualmente rara vez será promiscuo.
 
El sexo desprovisto de amor, denota falta de crecimiento espiritual, pero más por la falta de amor, que por el hecho de copular. Uno de los grandes errores humanos, ha sido el de demonizar la sexualidad, al punto de asociar la palabra PECADO, a la palabra SEXO, cuando existen muchas maneras de pecar, y hacer el amor no es ni mucho menos la peor de ellas.
 
Pensar que el mayor daño que un ser humano le puede hacer a otro es fornicar con él, es una gran mentira. Sólo necesitamos usar un poquito la lógica para comprender esto. Los seres humanos somos capaces de dañar a los demás de muchísimas maneras. Pensar que el mundo se vuelve caótico porque se liberalice sexualmente es un equívoco. De hecho, si existe una tendencia actual a liberarnos sexualmente, no es porque estemos retrocediendo en nuestro camino de crecimiento espiritual, más bien deberíamos hablar de un retroceso relativo, pero retroceso necesario para que la humanidad, sobre todo en occidente, se vaya liberando del mal que le produjo la represión sexual que ha vivido.
 
El hecho de enlazar el sexo al matrimonio y no al amor, ha sido un grave error que hemos cometido, porque en primer lugar, nos han obligado a matar la capacidad humana de amar a todo el mundo, y porque en muchos casos, nos han obligado a canalizar nuestros impulsos sexuales en el estrecho marco de un matrimonio donde en muchos casos el amor ha muerto, y donde en la mayoría de los casos, la pasión sexual, también.
 
Pensar que quien ama a una persona, es incapaz de amar a otra es una idea errada. Muchas veces es el resultado de las limitaciones para amar, de esa persona que lo dice, y muchas veces no es otra cosa que una defensa contra su propio miedo a perder a su pareja, a que su pareja se enamore de alguien más y eso la lleve a perderlo, o como una justificación para apresar a la persona con quien se relaciona. Pensar que el matrimonio te libra de volverte a enamorar, no es más nada que una falsa creencia. La mayoría de gente casada, que le teme a volverse a enamorar, gasta mucho tiempo, fuerzas y energía, en matar dentro de sí, tales sentimientos.
 
La realidad es que el amor no es algo racional, y puede llegar a nosotros en cualquier momento, sin que lo podamos evitar. Una sociedad sana y evolucionada, será aquella en la que todos sus miembros vivan abiertos a enamorarse los unos de los otros, y a manifestarse ese amor de todas las maneras posibles, sin que nadie se sienta mal por eso, y sin que nadie se sienta con la potestad de encarcelar a nadie por amarla. Del mismo modo en que tú puedes amar a una persona porque te parece maravillosa, muchas otras personas pueden enamorarse también de esa misma persona, y deberían tener derecho a manifestar ese amor sin que nadie se ofenda. Luego, dependerá de la persona multiamada, gestionar el amor que recibe. Amar es entregarse, no poseer. Amar a una persona no significa que tengas derechos sobre ella.
 
Un hombre debería aceptar sin problemas, que su maravillosa mujer sea amada por muchos otros hombres, y debería aceptar que su maravillosa mujer se enamore de otras personas maravillosas que ha conocido, sin que amar a otros tenga necesariamente que significar dinamitar las estructuras familiares. También esa mujer debería estar libre para decidir dejar a un hombre, si así lo desea, e irse con otro, sin que eso produzca un trauma. Y lo mismo debería pasar con las mujeres casadas o comprometidas, que deberían aceptar que sus parejas amen a otras mujeres y que decidan sin mucho problema, vivir con una o con otra. De hecho, deberíamos aprender a diferenciar entre la persona con quien decidimos tener nuestros hijos y compartir vivienda, con esas otras personas amadas con quien simplemente no compartiremos vivienda ni hijos, pero sí amor.
 
El ser humano del futuro, mantendrá relaciones amorosas mucho más abiertas. La idea de la pareja tal como la conocemos hoy, dará paso a estructuras amorosas más complejas y liberadoras, y habrá una tendencia a vivir en comunidades armónicamente relacionadas y que donde se favorecerá el contacto entre las personas y la vida en contacto con la naturaleza. Hoy en día, las limitaciones materiales que padecemos, hacen impensable una vida tan libre, pero un día vendrá en que el ser humano deje de ser un esclavo de lo material, necesite muy poco para vivir, y tenga condiciones óptimas para moverse de un lugar a otro.
 
¿Entonces cómo debería comportarse hoy la sociedad con relación a la sexualidad? Pues bien, cada persona reflejará a través de su sexualidad, su propia condición espiritual. La humanidad se irá desarrollando espiritualmente y por tanto, el sexo será cada día más sublime.
 
No debemos escandalizarnos por la libertad sexual de los jóvenes y por la aparente relajación de la moral que estamos experimentando hoy en nuestras sociedades. Recordemos que para construir lo nuevo, se hace necesario destruir lo viejo, y es lo que está pasando ahora mismo. Las nuevas generaciones no están dispuestas a vivir una sexualidad que coarte su libertad. Ellos terminarán por dinamitar todas las estructuras sociales esclavizadoras, y una de las que más está siendo afectada, es la institución del matrimonio.
 
Hoy, el 45% de las personas en edad de casamiento, se mantienen solteras, porque no están dispuestas a renunciar a su libertad, y el número de divorcios va en aumento. El matrimonio está condenado a regenerarse o morir. Estableceremos relaciones más abiertas con nuestras parejas, o no estableceremos relaciones, así de simple. En la lucha entre las leyes naturales y las leyes sociales, siempre terminarán venciendo las primeras. Ninguna ley social, violatoria de las leyes naturales, podrá sostenerse exitosamente.
 
Todas estas transformaciones sociales  que advertimos hoy, no son más que cambios necesarios en el proceso de evolución y de liberalización de la raza humana. Deberíamos educar a nuestros hijos de manera tal que aprendan a amar correctamente, es decir, sin poner condiciones al ser amado de manera tal que no coartemos su libertad. Practicar el amor como entrega. Practicar el amor al prójimo, como un acto espiritual, sí, pero que no necesariamente tenga que estar reñido con la sexualidad. Debemos enseñar a nuestros hijos y también aprender nosotros mismos a decir con sinceridad: “Te amo, pero puedo ser feliz sin ti”.
 
No olvidemos que una cosa es estar abierto sexualmente al mundo (entendiendo el sexo como una forma de amor), y otra bien diferente, estar manteniendo sexo con todo el mundo, pues ni siquiera amando a todo el mundo, seríamos capaces de sexualizar todo el amor que sentimos. Estar abierto sexualmente al mundo, entendiendo el sexo como una forma de amor, es más una declaración de principios, que una idea a materializar.

 El sexo debe ser entendido preferentemente, como una manifestación de amor, pero debemos comprender que no siempre dos personas que se amen, tienen que terminar haciendo el amor. El sexo puede funcionar como una maravillosa manifestación del amor, pero no es la única. Incluso, en ciertos casos, el sexo sin amor puede hacerle a las personas que lo practican más bien que mal.
 
Hoy nos cuesta trabajo comprender esto, porque partimos sobre la base de observar nuestras enfermizas sociedades actuales, donde nuestro comportamiento sexual es en muchos casos atrofiado. Pero cuando la sociedad se vaya sanando, y eso lo conseguirá entre otras cosas, con la liberación de las ataduras sexuales que hoy nos oprimen, la libido bajará mucho, y el sexo dejará de ser un tabú, y nuestros cuerpos dejarán de ser un tabú, y el coito dejará de ser visto como el centro del acto sexual. La genitalidad, aunque se siga practicando por los siglos de los siglos, cada vez irá perdiendo fuerza dentro del conjunto del acto sexual, porque las energías se irán desplazando de la zona genital a la zona del corazón y del cerebro en la misma medida en que nos vayamos espiritualizando.
 
La iluminación, la cual la podemos asociar con el hecho de que nuestra aura se vuelva blanca y luminosa, es un proceso que se obtiene cuando somos capaces de hacer que de nuestro cuerpo, salgan de manera uniforme los 7 grandes chorros de energía que emanan cada uno de nuestros 7 chakras principales.
 
El camino que el ser humano persigue hasta conseguir la iluminación consiste en ir despertando en nosotros cada uno de esos chorros de energía, los cuales cada uno de ellos aporta un color a ese gran arcoíris que debemos hacer salir de nosotros para conseguir al final desprender la luz blanca. El color rojo (YO SOY) está relacionado con el instinto de conservación y es emanado por un chakra que se encuentra en la base de la columna vertebral. Ese color lo tenemos casi todos desarrollado. Todos sentimos esa fuerza interior que nos hace cuidar de nosotros mismos para preservar la vida.
 
Luego está el color naranja, (YO SIENTO) que está relacionado con el sexo. Es una energía que es emanada por el chakra que se encuentra en la zona de los genitales. Es una energía que todos sentimos dentro de nosotros, y que ya expliqué cómo por error, ha sido demonizada. Luego está el color amarillo, (YO HAGO) que está relacionado con las bajas pasiones y gula, con el deseo de alimentarnos, Y sale del chakra del vientre.

Hasta aquí los tres primeros chakras con las energías que están actualmente desarrolladas casi en la totalidad de los seres humanos del mundo. Por eso es que en las televisiones, para captar audiencia, siempre ponen programas destinados a interactuar con estas tres energías:
1-(ROJO) Instinto de conservación=Violencia.
2-(NARANJA) Sexo= Programas con una alta carga erótica y sexual, o Pornografía.
3-(AMARILLO) Bajas pasiones y Gula= Programas protagonizados por gente común, llena de bajas paciones y poco evolucionada intelectual y espiritualmente, o programas de cocina.
Muchas veces los programas de la televisión o las películas, mezclan interesadamente estos 3 componentes en mayor o menor medida.
 
Luego aparecen los 4 chakras superiores que son los que la humanidad se encuentra desarrollando actualmente. Está el color verde, (YO AMO) que es la energía que sale del chakra del corazón, y se relaciona con el amor de pareja. Hay personas que son incapaces de amar, y hasta rechazan que les hablen de amor. Mientras más miedos alberga una persona en su mente y su corazón, más propenso es a encarcelar a la persona amada, es más celoso, etc. Algunos lo son tanto, que el temor a sufrir por amor, los paraliza. Algunos se atreven a emparejarse una vez, y si fracasan, ya tienen claro que no volverán a pasar por eso. Todos son traumas que la raza humana tendrá que ir superando con el tiempo.
 
Luego está el color azul (YO DIGO), que es una energía que sale del chakra de la laringe, y está relacionado con el modo en que nosotros expresamos ese amor que ya hemos experimentado en el cuarto chakra. Luego está el color violeta,(YO VEO), que sale del chakra que se encuentra en la glándula pituitaria o tercer ojo, que está relacionado con la capacidad de amar al prójimo como a ti mismo, y amar al prójimo como has aprendido a amar a tu pareja. Y por último está la luz blanca (YO SOY UNO CON DIOS) que sale del chakra coronario, y nos ayuda a comprender la ilusión de dualidad que vivimos en el plano físico, y nos hace experimentar la conciencia de unidad con la divinidad.
 
He explicado esto de las energías y los chakras, para decir luego que se equivocan aquellos que piensan que alcanzarán la iluminación matando sus formas inferiores de energía. En vez de rechazar esa parte de nosotros mismos, que es tan divina y luminosa como las energías superiores, lo que debemos hacer es armonizarlas con el resto de energías. Los escalones superados de la pirámide del crecimiento espiritual, no hay que destruirlos.
 
Dicho esto, quedamos en condiciones de comprender que un ser de luz, como Jesús, por ejemplo, no era una ser con su capacidad sexual atrofiada. Era un ser con su capacidad sexual intacta, pero que la manifestaba de manera correcta, al  tenerla integrada en el conjunto de las energías emanadas de su cuerpo.
 
Cuando una persona ha despertado a la luz blanca, y por tanto, a la iluminación, no se siente separado de Dios, y por tanto, se siente Dios mismo. Un ser así, que habla desde su conciencia superior, no puede hacer otra cosa que amar en todas direcciones, a todos y a todo. Y a esa clase de amor fuimos invitados por el maestro de los maestros. Está claro que un ser que manifiesta una conciencia de amor tan elevada, no va por el mundo buscando sexo, más bien va por el mundo tratando de ser útil a la mayoría. Cosa que no quita que ese ser encuentre en la tierra a su alma gemela y a ella la ame carnalmente.
 
Cada uno de nosotros se encuentra en un punto del camino del crecimiento espiritual, en un escalón determinado de la pirámide del crecimiento espiritual, y cada uno de nosotros se manifestará sexualmente en función del escalón donde se encuentre. Nada es malo ni nada es bueno, todo es lo mismo. Todos hemos pasado y pasaremos por todos los estadios. No es necesario demonizar nada, porque demonizar una parte de nuestro cuerpo, nos produce miedo y el miedo se traduce en enfermedades. Amemos a nuestro cuerpo físico y a nuestros cuerpos espirituales y vayamos desde el amor manifestado en todos los niveles, sanando poco a poco a la raza humana.
 
Amémonos los unos a los otros, como Jesús nos amó, y dejemos de temerle a la energía sexual. Adorémosla como debemos adorar al resto de las energías maravillosas que emanan de nuestro cuerpo, pero eso sí, vayamos, si nos es posible, al sexo desde el amor, y no al amor desde el sexo. Y si sientes que has vivido toda tu vida reprimiendo tu sexualidad y esto te ha convertido en un ser triste y oscuro, libérate aunque eso implique pecar, porque la represión sexual podría estar siendo en ti un pecado aún mayor que el libertinaje sexual. Siempre es fácil saber cuál es el camino correcto, porque el camino correcto, es siempre aquel que nos produce felicidad.
TADEO