
¿PODEMOS CAMBIAR EL DESTINO?
Hace unas semanas recibí un mail donde me hacían esta interesante pregunta:
¿Podemos cambiar el destino? Dando por sentado que quien me preguntaba, no lo hacía con la intención de filosofar, sino de aplicar mi respuesta a su propia vida, a sus problemas más perentorios, le respondí de la siguiente manera:
El destino, que es más o menos, lo mismo que los orientales llaman Karma, es una fuerza que actúa sobre nosotros influyendo, y a veces determinando nuestro presente y nuestro futuro.
¿De dónde sale esta fuerza? ¿Cómo se produce? ¿Qué la origina? Sale de nuestras acciones. Toda acción que realizamos provoca una reacción. Esa reacción, o más bien, la suma de reacciones que emana de nuestras acciones es el Karma.
El Karma es más fuerte o más débil según sea más joven o más viejo nuestro espíritu. Si tú eres una persona que ha encarnado en la tierra 50 veces, tendrás un karma más fuerte que una persona que sólo ha venido a la tierra 10 veces. ¿Por qué? Porque el número de reacciones que te vendrán encima será mayor, debido a que a la par, ha sido mayor el número de tus acciones.
Ahora bien, si tus acciones han sido buenas, las reacciones que te vendrán encima, también serán buenas. Si tus acciones son malas, las acciones que te vendrán encima serán malas.
Eso quiere decir que la fuerza del karma no siempre tiene que hacernos daño. Cada persona cuenta con su libre albedrío para enfrentarse a esa fuerza kármica. Lo que sucede a veces, es que la fuerza del karma es tan grande, que nos vence.
Como no conocemos nuestro karma, pocas veces somos conscientes de cuándo el karma nos está venciendo o cuándo simplemente nos estamos dejando llevar por la corriente kármica.
Cuando vamos por la vida avanzando a favor del karma, todo nos parece fácil, sorprendentemente fácil, a veces, hasta milagrosamente fácil, aún cuando el karma nos esté llevando a mal puerto, pues puede suceder que nos veamos de golpe rodeados de malos acontecimientos y no somos capaces de entender cómo ha sido posible llegar a tal situación. Por eso es que existe un refrán que dice que todas las desgracias vienen juntas, y esto muchas veces es cierto.
Comprender esto es muy importante porque a veces sentimos que todo se nos facilita y pensamos: “Dios me está llevando de la mano, y por tanto, todo ha de salirme bien”. Y no es así. Puede que tu propio karma te lleve al mal, si es que tú mismo has fabricado dicho karma negativo.
Es muy importante que todos seamos conscientes de que todo lo que nos ocurre, bueno o malo, es nuestra responsabilidad. No tiene sentido que culpemos a nadie de nada de lo que nos pasa, porque somos los únicos responsables. Y en eso reside precisamente, la justicia divina y el amor de Dios. Dios te deja fabricar tu vida. Si quieres tener un buen karma, fabrícalo. No le pidas a Dios que te dé, aquello que tú no has sido capaz de darte a ti mismo. Ni lo culpes de tus desgracias y carencias.
El buen karma es aquel que te lleva a crecer como espíritu, aquel que te hace madurar como ser humano, aquel que te hace ser capaz de amar al prójimo y perdonar al prójimo, aquel que te hace sentir feliz ayudando a los demás.
No podemos olvidar que nuestras metas no son terrenales, nuestras metas son espirituales, porque somos almas metidas en un cuerpo físico, y lo que trascenderá de nosotros serán los vehículos espirituales, y no nuestro cuerpo físico.
El cuerpo físico envejece constantemente y muere. Cuando hayas muerto, te quedarás con tus pensamientos y tus emociones. Esa energía mental y emocional, conjuntamente con la energía del resto de tus cuerpos espirituales (cuerpos búdico, átmico y monádico) volverá a propiciar el nacimiento de otro cuerpo físico, por tanto, vivir para nuestro cuerpo perecedero no tiene sentido. Lo ideal es vivir para fortalecer y embellecer nuestros cuerpos espirituales.
Esto mismo lo expresaba Jesús cuando nos decía: “No hagáis tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen, hacéis tesoros en el cielo”. Hacer tesoros en el cielo es lo mismo que vivir para atesorar buenos pensamientos y buenas emociones. Esos son nuestros verdaderos tesoros, pues nos acompañarán a lo largo de nuestras vidas siguientes, mientras que los bienes materiales se quedarán en la tierra y no nos podrán acompañar en nuestras existencias futuras.
En conclusiones, sí podemos cambiar el destino. No siempre, porque a veces es tan poderoso que nos vence, que nos arrastra, pero a veces nosotros somos más fuertes y terminamos venciéndolo e imponiendo nuestra voluntad. De hecho, es bueno que nos impongamos a nuestro mal karma, porque de esta guerra salimos más fortalecidos. Ahora bien, para enfrentar y vencer nuestro mal karma, hay que empezar por saber qué es realmente bueno y qué es realmente malo para nosotros, y la verdad es que la humanidad ordinaria esto lo confunde constantemente.
Tener dinero y bienes materiales muchas veces el ser humano lo considera bueno, sin embargo, en la mayoría de los casos no lo es. Decía Jesús que primero pasaría un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de Dios.
He conocido a algunos que me dicen que el dinero y los vienes materiales no son malos. Y es cierto, ellos no son malos de por sí, pero está claro que cuando el ser humano se encuentra en poder de ellos, corre mucho más peligro de que ellos terminen poseyendo su alma y por tanto, retracen su crecimiento espiritual. Si los bienes materiales retrazan nuestro crecimiento espiritual, entonces están siendo malos para nosotros.
Hace unas semanas recibí un mail donde me hacían esta interesante pregunta:
¿Podemos cambiar el destino? Dando por sentado que quien me preguntaba, no lo hacía con la intención de filosofar, sino de aplicar mi respuesta a su propia vida, a sus problemas más perentorios, le respondí de la siguiente manera:
El destino, que es más o menos, lo mismo que los orientales llaman Karma, es una fuerza que actúa sobre nosotros influyendo, y a veces determinando nuestro presente y nuestro futuro.
¿De dónde sale esta fuerza? ¿Cómo se produce? ¿Qué la origina? Sale de nuestras acciones. Toda acción que realizamos provoca una reacción. Esa reacción, o más bien, la suma de reacciones que emana de nuestras acciones es el Karma.
El Karma es más fuerte o más débil según sea más joven o más viejo nuestro espíritu. Si tú eres una persona que ha encarnado en la tierra 50 veces, tendrás un karma más fuerte que una persona que sólo ha venido a la tierra 10 veces. ¿Por qué? Porque el número de reacciones que te vendrán encima será mayor, debido a que a la par, ha sido mayor el número de tus acciones.
Ahora bien, si tus acciones han sido buenas, las reacciones que te vendrán encima, también serán buenas. Si tus acciones son malas, las acciones que te vendrán encima serán malas.
Eso quiere decir que la fuerza del karma no siempre tiene que hacernos daño. Cada persona cuenta con su libre albedrío para enfrentarse a esa fuerza kármica. Lo que sucede a veces, es que la fuerza del karma es tan grande, que nos vence.
Como no conocemos nuestro karma, pocas veces somos conscientes de cuándo el karma nos está venciendo o cuándo simplemente nos estamos dejando llevar por la corriente kármica.
Cuando vamos por la vida avanzando a favor del karma, todo nos parece fácil, sorprendentemente fácil, a veces, hasta milagrosamente fácil, aún cuando el karma nos esté llevando a mal puerto, pues puede suceder que nos veamos de golpe rodeados de malos acontecimientos y no somos capaces de entender cómo ha sido posible llegar a tal situación. Por eso es que existe un refrán que dice que todas las desgracias vienen juntas, y esto muchas veces es cierto.
Comprender esto es muy importante porque a veces sentimos que todo se nos facilita y pensamos: “Dios me está llevando de la mano, y por tanto, todo ha de salirme bien”. Y no es así. Puede que tu propio karma te lleve al mal, si es que tú mismo has fabricado dicho karma negativo.
Es muy importante que todos seamos conscientes de que todo lo que nos ocurre, bueno o malo, es nuestra responsabilidad. No tiene sentido que culpemos a nadie de nada de lo que nos pasa, porque somos los únicos responsables. Y en eso reside precisamente, la justicia divina y el amor de Dios. Dios te deja fabricar tu vida. Si quieres tener un buen karma, fabrícalo. No le pidas a Dios que te dé, aquello que tú no has sido capaz de darte a ti mismo. Ni lo culpes de tus desgracias y carencias.
El buen karma es aquel que te lleva a crecer como espíritu, aquel que te hace madurar como ser humano, aquel que te hace ser capaz de amar al prójimo y perdonar al prójimo, aquel que te hace sentir feliz ayudando a los demás.
No podemos olvidar que nuestras metas no son terrenales, nuestras metas son espirituales, porque somos almas metidas en un cuerpo físico, y lo que trascenderá de nosotros serán los vehículos espirituales, y no nuestro cuerpo físico.
El cuerpo físico envejece constantemente y muere. Cuando hayas muerto, te quedarás con tus pensamientos y tus emociones. Esa energía mental y emocional, conjuntamente con la energía del resto de tus cuerpos espirituales (cuerpos búdico, átmico y monádico) volverá a propiciar el nacimiento de otro cuerpo físico, por tanto, vivir para nuestro cuerpo perecedero no tiene sentido. Lo ideal es vivir para fortalecer y embellecer nuestros cuerpos espirituales.
Esto mismo lo expresaba Jesús cuando nos decía: “No hagáis tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen, hacéis tesoros en el cielo”. Hacer tesoros en el cielo es lo mismo que vivir para atesorar buenos pensamientos y buenas emociones. Esos son nuestros verdaderos tesoros, pues nos acompañarán a lo largo de nuestras vidas siguientes, mientras que los bienes materiales se quedarán en la tierra y no nos podrán acompañar en nuestras existencias futuras.
En conclusiones, sí podemos cambiar el destino. No siempre, porque a veces es tan poderoso que nos vence, que nos arrastra, pero a veces nosotros somos más fuertes y terminamos venciéndolo e imponiendo nuestra voluntad. De hecho, es bueno que nos impongamos a nuestro mal karma, porque de esta guerra salimos más fortalecidos. Ahora bien, para enfrentar y vencer nuestro mal karma, hay que empezar por saber qué es realmente bueno y qué es realmente malo para nosotros, y la verdad es que la humanidad ordinaria esto lo confunde constantemente.
Tener dinero y bienes materiales muchas veces el ser humano lo considera bueno, sin embargo, en la mayoría de los casos no lo es. Decía Jesús que primero pasaría un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de Dios.
He conocido a algunos que me dicen que el dinero y los vienes materiales no son malos. Y es cierto, ellos no son malos de por sí, pero está claro que cuando el ser humano se encuentra en poder de ellos, corre mucho más peligro de que ellos terminen poseyendo su alma y por tanto, retracen su crecimiento espiritual. Si los bienes materiales retrazan nuestro crecimiento espiritual, entonces están siendo malos para nosotros.
Algunas personas creen que esos que se enriquecen, son los favoritos de Dios, y es todo lo contrario. Dios a sus favoritos, les abre las puertas del conocimiento oculto, y de la espiritualidad, nunca las puertas del Dinero, de la riqueza, y del poder material.
Hay quien se pregunta: ¿Por qué a las personas buenas les pasan cosas malas, y a las personas malas le pasan cosas buenas? Incluso, algunos, dejan de perseverar en el camino del bien, al ver que a otros peores que ellos, les ha tocado la suerte que ellos añoran.
Algunos maestros orientales dicen que ese mal que sufren las personas buenas, se debe a que en vidas pasadas han cometido errores y ahora en esta vida les toca pagarlos. Estoy de acuerdo, pero no dejen de tener en cuenta que muchas veces lo que sucede es que hemos trastocado en nuestra mente la verdadera idea del bien y del mal.
Por ejemplo, muchas veces consideramos la muerte como la mayor de las desgracias. Desde el punto de vista espiritual, sin embargo, se ve de otra manera. Desde el punto de vista espiritual una desgracia es que te ocurra algo que te haga retrazarte en tu camino de ascensión espiritual. Perder el cuerpo físico, no tiene por qué considerarse algo terrible teniendo en cuenta que quien lo pierde, puede volver a la vida en un nuevo cuerpo. Sin embargo, dañar los cuerpos astral o emocional y mental, con malas emociones, malos sentimientos y malos pensamientos, eso sí que deberíamos considerarlo una auténtica desgracia.
Hay quienes explican el fenómeno del karma poniendo como ejemplo el siguiente: “Si robas a alguien, a ti también te robarán. Si alguien te ha robado, es porque tú en otra vida, le has robado a alguien”. Aunque en determinado caso, esto pueda ser cierto, creo que es una manera simplista de verlo, pues no siempre tiene que ser así. Toda acción, buena o mala, trae aparejada una reacción que la equilibra, pero las maneras de conseguir el equilibrio, pueden ser muchas y de muy variado tipo.
Pondré un ejemplo para que se entienda mejor lo que quiero decir: Si en esta vida una persona mata a otra, no quiere decir que el asesino tenga que morir asesinado. Puede que esa energía de asesinato le acerque a la muerte por esa vía, puede ser que le acerque a otros asesinos, y lo que sí es seguro es que en la vida siguiente, asesino y víctima volverán a encontrarse en condiciones similares a aquellas que lo llevaron a cometer el homicidio. En tales circunstancias, el asesino tendrá que pasar la prueba de perdonar la vida a la víctima, y sólo así se librará del mal karma del asesinato cometido.
Otro ejemplo: Si un hombre mata a su esposa porque ella le ha sido infiel con otro hombre, en sus vidas siguientes volverán a encontrarse. Las fuerzas del karma los volverán a acercarlos, esa misma fuerza kármica la empujará a ella a serle infiel (ella puede luchar contra esa energía y no serle infiel) pero en caso de que lo sea o de que no lo sea, él sentirá deseos de matarla porque ese deseo se lo acerca el karma, y entonces él deberá perdonarla. Poner amor y perdón, donde antes había una energía de homicidio.
Hay quien se pregunta: ¿Por qué a las personas buenas les pasan cosas malas, y a las personas malas le pasan cosas buenas? Incluso, algunos, dejan de perseverar en el camino del bien, al ver que a otros peores que ellos, les ha tocado la suerte que ellos añoran.
Algunos maestros orientales dicen que ese mal que sufren las personas buenas, se debe a que en vidas pasadas han cometido errores y ahora en esta vida les toca pagarlos. Estoy de acuerdo, pero no dejen de tener en cuenta que muchas veces lo que sucede es que hemos trastocado en nuestra mente la verdadera idea del bien y del mal.
Por ejemplo, muchas veces consideramos la muerte como la mayor de las desgracias. Desde el punto de vista espiritual, sin embargo, se ve de otra manera. Desde el punto de vista espiritual una desgracia es que te ocurra algo que te haga retrazarte en tu camino de ascensión espiritual. Perder el cuerpo físico, no tiene por qué considerarse algo terrible teniendo en cuenta que quien lo pierde, puede volver a la vida en un nuevo cuerpo. Sin embargo, dañar los cuerpos astral o emocional y mental, con malas emociones, malos sentimientos y malos pensamientos, eso sí que deberíamos considerarlo una auténtica desgracia.
Hay quienes explican el fenómeno del karma poniendo como ejemplo el siguiente: “Si robas a alguien, a ti también te robarán. Si alguien te ha robado, es porque tú en otra vida, le has robado a alguien”. Aunque en determinado caso, esto pueda ser cierto, creo que es una manera simplista de verlo, pues no siempre tiene que ser así. Toda acción, buena o mala, trae aparejada una reacción que la equilibra, pero las maneras de conseguir el equilibrio, pueden ser muchas y de muy variado tipo.
Pondré un ejemplo para que se entienda mejor lo que quiero decir: Si en esta vida una persona mata a otra, no quiere decir que el asesino tenga que morir asesinado. Puede que esa energía de asesinato le acerque a la muerte por esa vía, puede ser que le acerque a otros asesinos, y lo que sí es seguro es que en la vida siguiente, asesino y víctima volverán a encontrarse en condiciones similares a aquellas que lo llevaron a cometer el homicidio. En tales circunstancias, el asesino tendrá que pasar la prueba de perdonar la vida a la víctima, y sólo así se librará del mal karma del asesinato cometido.
Otro ejemplo: Si un hombre mata a su esposa porque ella le ha sido infiel con otro hombre, en sus vidas siguientes volverán a encontrarse. Las fuerzas del karma los volverán a acercarlos, esa misma fuerza kármica la empujará a ella a serle infiel (ella puede luchar contra esa energía y no serle infiel) pero en caso de que lo sea o de que no lo sea, él sentirá deseos de matarla porque ese deseo se lo acerca el karma, y entonces él deberá perdonarla. Poner amor y perdón, donde antes había una energía de homicidio.
Otro ejemplo, para finalizar: Si una persona se suicida. En su vida siguiente, volverá a ser empujado por el karma a una situación similar a la que le produjo el suicidio. Entonces tendrá que superar el deseo de suicidio, que se le vendrá encima kármicamente. Si lo vence, habrá superado su mal karma, y si sucumbe, fortalecerá el karma de suicidio y tendrá que venir otra vez a superarlo.
En tales casos existen fuerzas espirituales de muy diversa índole, que se encargan de ayudar a estos seres a superar estos escollos, porque en los planos espirituales todas las almas se consideran hermanos y todos se preocupan por la evolución espiritual de todos.
Otra cosa que debemos tener clara es que el karma o destino, no es la única fuerza que está influyendo aquí y ahora sobre los seres humanos. Los seres humanos, además de estar condicionados por un destino personal, estamos condicionados por un destino de país, por un destino de continente, por un destino de planeta, por un destino de galaxia y por un destino de Universo dentro del gran multiverso que habitamos.
Ahora mismo el ser humano está siendo afectado por energías cósmicas y planetarias que lo están empujando a la espiritualidad. Dicho de otro modo, estamos viviendo una época en la que todos los seres humanos estamos siendo empujados hacia el crecimiento espiritual de un modo más poderoso que hace unos años atrás y eso responde a ciclos que desconocemos pero que nos contienen y por tanto, nos condicionan.
Podemos decir que nuestro destino personal, así como nuestro libre albedrío, se ve condicionado por el destino del planeta, por el destino de la galaxia y por el destino del Universo, y cuando ampliamos el campo de visión hasta este punto, comprendemos cómo se debilita nuestro destino personal y nuestro libre albedrío ante la influencia de estas grandes fuerzas.
En tales casos existen fuerzas espirituales de muy diversa índole, que se encargan de ayudar a estos seres a superar estos escollos, porque en los planos espirituales todas las almas se consideran hermanos y todos se preocupan por la evolución espiritual de todos.
Otra cosa que debemos tener clara es que el karma o destino, no es la única fuerza que está influyendo aquí y ahora sobre los seres humanos. Los seres humanos, además de estar condicionados por un destino personal, estamos condicionados por un destino de país, por un destino de continente, por un destino de planeta, por un destino de galaxia y por un destino de Universo dentro del gran multiverso que habitamos.
Ahora mismo el ser humano está siendo afectado por energías cósmicas y planetarias que lo están empujando a la espiritualidad. Dicho de otro modo, estamos viviendo una época en la que todos los seres humanos estamos siendo empujados hacia el crecimiento espiritual de un modo más poderoso que hace unos años atrás y eso responde a ciclos que desconocemos pero que nos contienen y por tanto, nos condicionan.
Podemos decir que nuestro destino personal, así como nuestro libre albedrío, se ve condicionado por el destino del planeta, por el destino de la galaxia y por el destino del Universo, y cuando ampliamos el campo de visión hasta este punto, comprendemos cómo se debilita nuestro destino personal y nuestro libre albedrío ante la influencia de estas grandes fuerzas.
TADEO