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domingo, 2 de noviembre de 2008

CASUALIDADES

CASUALIDADES

He estado leyendo ayer en uno de los tantos blogs que visito, sobre el tema de las coincidencias. He visto que destacados científicos, como el afamado psicólogo Carl Gustav Jung se encargó de hacer estudios al respecto.

Cuando estamos frente a una de estas casualidades, tendemos a preguntarnos cómo es posible que haya ocurrido algo tan raro.
Tengo amigos que no le dan más vueltas. Aceptan que las casualidades existen y que aunque extrañas, perfectamente pueden ocurrir y que no hay que intentar encontrarles ningún sentido añadido.
Otros amigos, por el contrario, creen que las casualidades no existen, y que todo lo que sucede es siempre la consecuencia de una causa que le precede. Ellos piensan que esas grandes casualidades algo tiene que significar.

Yo soy uno de esos que he “sufrido” en carne propia el ensañamiento de las grandes casualidades. Poco a poco les iré contando muchas de las que me han acontecido. Pero para empezar, les contaré lo que me pasó con Nami, una muchacha japonesa que conocí por casualidad.

Todo comenzó con un sueño que tuve. En ese sueño yo me paseaba por el Japón feudal. Yo me veía a mí mismo como me veo en muchos de mis sueños: como un señor europeo con ropas finas.
Estaba en un bar bebiendo y comiendo algo. Al salir de allí me encontré en mi camino un pequeño puente de madera y allí echadas en el sueño, dos mujeres japonesas muy humildemente vestidas pedían limosnas.
Yo me saqué del bolsillo algo de dinero en monedas de mi país, por lo que se ve, alguna nación europea. A ellas se les iluminó el rostro, porque al parecer, mis monedas tenían mucho valor allí.
Una de ellas con un gesto, me dio las gracias, y acto seguido, puso en mis manos una moneda japonesa. Era una moneda hueca. Me quedé mirándola con asombro y en ese momento me desperté.

Algún tiempo después la casualidad puso delante de mí a Nami, una chica japonesa que hablaba perfectamente el español. Lo había aprendido en México, y había viajado a Cuba tras el rastro de un antiguo amor, un argentino amante de la figura del Ché Guevara, que siempre le dijo que terminaría marchándose a vivir a la mayor de las Antillas.

Nos conocimos en la universidad, y luego de andar de paseo por la Habana durante 2 días, la noche en que nos despedimos, yo le regalé una moneda cubana de 40 centavos, que se acostumbra regalar allí porque dicen que da suerte. En cuanto Nami tuvo en sus manos la moneda, el recuerdo del sueño que había tenido semanas antes, volvió a mi cabeza.

Todo sorprendido me di cuenta de la coincidencia. En el sueño una japonesa me regalaba una moneda, y ahora en la realidad, yo le regalaba una moneda a una japonesa.
Como si eso fuera poco, algún tiempo después, conversando con una amiga paraguaya llamada Erica, le comenté:
-¿Te acuerdas que hace unos meses estuve aquí en tu casa con una chica japonesa?
-Sí, me acuerdo perfectamente de ella. Traía una cámara de fotos muy buena.

Le conté a Erica todo el cuento del sueño y de las monedas, y para mi sorpresa me dice ella:
-Sabes, Tadeo, un amigo de mi padre acaba de regresar de Japón y me ha traído esas monedas. Dice que allí existe mucha costumbre de regalarlas, y son un símbolo de buena suerte. Se trata de monedas de 5 yenes. Aquí las tengo. Obsérvalas bien.



Su diseño está formado por tres partes:
La plantita de arroz de la izquierda, significa La Agricultura. El dibujo que está alrededor del agujero que se parece a unas ruedas dentadas, significa una máquina, o sea La Tecnología. Y las rayitas horizontales de la parte de abajo, significan un río, el agua, o sea, La Industria Pesquera. Su nombre en japonés significa: buena relación, buena suerte.

¿Casualidades? Tal vez, pero no hay dudas de que todo esto ha sido una casualidad de las bien grandes.

TADEO