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sábado, 24 de enero de 2009

ALMAS GEMELAS

ALMAS GEMELAS

Difícilmente alguno de nosotros no conozca el término Almas Gemelas. Esta expresión nos hace pensar en la existencia de un ser físico que vendría siendo nuestra justa mitad en todos los sentidos.

Está claro que al mirar nuestro cuerpo, nos vemos perfectamente como una unidad, por tanto, si existe una mitad de nosotros, esa mitad no tiene que ver con el cuerpo físico, sino con nuestros cuerpos espirituales.

Quizás debamos volver al inicio de todo, al Big Bang, a esa gran explosión que hizo aparecer todo lo que existe. La ciencia habla de la explosión de la antimateria, y los místicos hablan de la explosión de Dios, de la explosión del espíritu puro, o simplemente de la manifestación de Dios, porque dicen que Dios no creó nada diferente de él mismo, simplemente se manifestó.

Algunas religiones orientales como el budismo, comparan estos ciclos infinitos de la sustancia, en la que todo fluye del espíritu a la materia, y luego, de la materia al espíritu en un ciclo constante e infinito, como el ciclo respiratorio de todo ser. Dicen que cuando Dios inspira, destruye todo lo que existe, y cuando Dios expira, construye todo lo que existe.

Pero volvamos a las almas gemelas. Al parecer, la gran explosión nos fue desgajando de esas unidades colectivas a las que pertenecíamos, y llegó un momento en que quedamos incluso, divididos a la mitad y esa mitad que perdimos, lo mismo que la mitad que somos, dieron origen a dos seres predestinados a unirse en cuanto el ciclo que los separó, comience su movimiento inverso.

Una vez separados de nuestro otro yo, eso que somos, que no es más que un cuerpo monádico, se va recubriendo de diferentes cuerpos, como el cuerpo átmico, el cuerpo búdico, el cuerpo mental, el cuerpo astral o emocional, y finalmente el cuerpo físico. Otro tanto le ocurre a nuestra alma gemela.

En esas condiciones, recubiertos de todas esas ropas o armaduras, nacemos en el plano físico. Hay una imagen que a mí me gusta mucho que dice que un ser encarnado, es decir, un ser humano que ha nacido en la tierra, tiene delante de sus ojos 49 velos que le impiden ver a Dios. Así, cegados venimos a la tierra.

Algo dentro de nosotros nos hace buscar nuestra alma gemela. Pero lo curioso es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de esa búsqueda. Lo primero que hacemos es procurar sobrevivir en un mundo tan hostil.

Pensemos en el largo camino que ha transitado el ser humano para establecerse en el planeta e irse desarrollado, ir desarrollando su mente y sus emociones. Esa fuerza del amor siempre estuvo en nosotros, sólo que con el tiempo, la manera de manifestarlo se fue haciendo menos animal y salvaje, para llegar al punto en el que estamos hoy, y seguiremos evolucionando y progresando hacia formas de amor más sublimes.

Dicen los que saben, que entre las almas gemelas se da una fuerza de atracción tan fuerte, que es prácticamente imposible que estos dos seres no se encuentren a lo largo de sus vidas. Y tan fuerte es esta fuerza, que podríamos llamarla AMOR, que secretamente estos seres se atraen a la vida y nacen juntos y cerca uno del otro.

Lo que sucede es que los seres humanos necesitan aprender en la tierra muchas lecciones, y entre ellas, necesitan aprender la lección del perdón. Perdonar es la otra cara de la moneda del Amar. Son caras de una misma moneda. A veces no hay manera más bella de amar, que perdonar.

El problema está en que nuestra alma gemela, no nos da la posibilidad de aprender esta lección, y como es algo que necesitamos aprender para adelantar en el camino de la purificación espiritual, los seres espirituales que nos acompañan, los maestros que se ocupan de nuestra educación espiritual, nos mantienen lejos de nuestra alma gemela, y por el contrario, nos empujan hacia la vida de otros seres.

¿Hacía qué seres nos empujan? Pues nos empujan hacia esos seres cuya manera de ser y grado evolutivo nos puede llevar a evolucionar aprendiendo la lección del perdón. Eso sí, para perdonar, tienen que hacerte algo malo que te duela, para que entonces tú demuestres que sabes de veras hacerlo.

Esta lección del perdón, no sólo nos la imponen en el plano de la pareja, nos la imponen en todos los ámbitos de nuestra vida. Tenemos que aprender a amar y a perdonar al prójimo en sentido general.

Si imaginamos que la vida en la tierra es como un colegio, deberíamos tener en cuanta que aprender a amar, es el 50% de nuestras asignaturas, y aprender a perdonar, es el otro 50% restante.

Las pruebas de perdón son tal vez las más duras, las que más suspendemos los humanos. Es un examen que viene escrito sobre un pergamino de dolor. Los humanos no sabemos lo beneficioso que es el dolor, por eso huimos tanto de él.

Llega un momento en que la propia maduración del alma nos lleva a usar por fin las armas de la disciplina y el sacrificio para enfrentarnos al dolor del examen que nos tiene que enseñar el camino del perdón.

Muchos seres humanos decimos que Dios no existe, o que Dios es malo porque nos da mucho dolor. La verdad es que si fuéramos más aplicados y nos enfrentáramos con valentía a este examen y aprobáramos por fin el examen del perdón, entonces Dios no nos pondría delante tantas veces el mismo examen.

Una vez, los discípulos de Jesús de Nazaret le pidieron una oración, y él les dio el Padre Nuestro, que es la oración del amor y el perdón. Muchos no se dan cuenta del peso que pone Jesús en sus palabras referidas al perdón.

“Y perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden.
Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial, mas, si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco os perdonará vuestro Padre Celestial”.

En medio de todo esto está el alma gemela. Este ser actúa en nuestras vidas como una medicina. Cuando el alma ha sufrido mucho, el alma gemela se acerca a poner amor en nuestro cuerpo espiritual lacerado. La persona disfruta con esa cercanía y se siente feliz.

Pero casi nunca se queda el alma gemela. ¿ Por qué? Pues porque quedarse con el alma gemela para siempre, significaría no aprender la otra cara de la moneda del amor, que es el perdón. Muchas veces nos extrañamos de ver cómo la misma vida nos aleja de esas personas tan afines, sin que la voluntad ni del uno ni del otro medie para nada.

A veces, incluso, nos encaprichamos con atrapar a nuestra alma gemela, y entonces la vida nos la aleja incluso con más fuerza, o reaparece en nuestras vidas cuando ya estamos emparejados con otra persona.

Lo más curioso es que existen fuerzas espirituales muy poderosas que nos lanzan en brazos, no de nuestra alma gemela, sino de ese ser que es el mejor lugar para nosotros para que pasemos el examen del dolor y del perdón. Es tan grande esa fuerza, que nos lanzamos al matrimonio convencidos de que es sin dudas, nuestro destino hacerlo, y es cierto, es el destino.

Ahora bien, que sea nuestro destino, no significa que esa persona tenga que ser nuestra alma gemela, ni que nos sufriremos al lado de esa persona. Todo lo contrario. Pronto vendrá el examen del dolor, y pronto uno tendrá que demostrar que sabe perdonar.

Por otra parte el perdón es como la matemática, que lo hay de “primer grado” y lo hay también de “universidad”. Hay cosas muy fáciles de perdonar, pero hay cosas muy difíciles de perdonar. Pero uno debe llegar a amar siempre y a perdonar siempre. Cuando ya somos capaces de eso, entonces nos entregarán nuestro diploma con honores y no tendremos que regresar más a la tierra. Mientras tanto, seguimos todos aquí pasando por el “maldito” examen del dolor. Siempre hay algo que no podemos perdonar, y ahí es donde nos suspenden.

Nótese también, que con el tiempo, la sociedad va avanzando y nos va ayudando a perdonar cosas que hace unos años, nos hubiera sido más difícil de perdonar. Por ejemplo, perdonar a un hijo que ha decidido manifestar abiertamente su homosexualidad. La lógica del pensamiento social y colectivo, nos irá ayudando a perdonar o aceptar cada vez con más facilidad este tipo de cosas.

Nuestra alma gemela estará más cerca de nosotros, mientras más dóciles seamos a la ley de Dios, y la ley de Dios dice que tenemos que preocuparnos por nuestro aprendizaje. Si aceptamos con resignación nuestro “camino estudiantil”, el alma gemela podrá estar ahí cerca para hacernos el tránsito más dulce y llevadero.

A lo largo de nuestras vidas sucesivas, el alma gemela se va acercando más y más, y llegará un momento en que será nuestra pareja. Pero para eso, necesitamos aprobar el examen que ya les he dicho, y no solo ese examen, sino todos los que nos van poniendo nuestros maestros. La unión en la tierra con nuestra alma gemela, esta vez sí por fin, viene siendo como la fiesta de fin de carrera.

TADEO