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lunes, 5 de enero de 2009

ACERCA DEL SUICIDIO

ACERCA DEL SUICIDIO

Hace unos días volví a encontrarme con alguien que me habló de su falta de interés por seguir viviendo. Me dijo que no había pedido venir a este mundo, y que le importaba poco que su vida finalizara en ese mismo instante. Dijo que había sido una persona muy desgraciada y que tal vez morir sería más que un problema, un alivio.

Sentí dolor y pena dentro de mi corazón. Me pregunto cuántas personas no habrá ahora mismo en el mundo con un pensamiento similar a éste. Estas cavilaciones me han llevado a escribir estas palabras sobre el suicidio con la fe de que puedan ser leídas por personas presas del desespero y de la falta de ilusión por la vida.

¿Alguno de ustedes ha contemplado alguna vez la opción del suicidio como solución a sus problemas? Tengo que reconocer que en mi caso la he contemplado. Cierto es que esto me pasó hace muchos años, cuando era un niño. Siendo un chiquillo, al sentir que los mayores no me hacían caso, pensé alguna vez que quitándome la vida, atraparía la atención de todos. Gracias a Dios, nunca llegué a poner en práctica este proyecto.

Con el tiempo, en la medida en que fue despertando en mí el hambre de conocimiento, pude hablar sobre el tema con muchos espíritus. Ellos le dan al tema del suicidio una importancia muy grande.

He visto a varios difuntos venir a la tierra preocupados al ver que algunos de sus familiares habían perdido el interés por la vida, después de sufrir males irreversibles, como la pérdida de la locomoción por ejemplo.

Aquella persona ya anciana, que había perdido la movilidad en sus extremidades, contemplaba en su mente la idea de marcharse de este mundo. Pero el espíritu de su madre vino a decirle que no lo hiciera.

Le estuvo explicando allí delante de todos nosotros que cuando una persona se quita la vida, reniega de una hermosa dádiva puesta en sus manos por el Padre Celestial, y que quitarse la vida, es considerada como una ofensa muy grande en los planos espirituales.

Al parecer, cuando uno muere de este modo, llega a un sitio donde no lo están esperando, y por eso no es recibido como lo hacen con esos que han abandonado la vida de manera natural.

Esos que eligen voluntariamente ausentarse, tienen luego que esperar a que le den su sitio allí en ese lugar, y por tanto, se condena a una existencia penosa que puede durar algunos años.

Lo peor es que quien se quita la vida, una vez cadáver, una vez fuera de su cuerpo, se da cuenta de que la vida no se acaba con el acto suicida cometido. Los problemas siguen ahí, y hasta se intensifican, porque al menos en la tierra, tenemos siempre la opción de enfrentarlos, pero ya en el nuevo estado, no nos queda otra que ponernos a la cola para venir de nuevo a la tierra a solucionar los problemas que ya teníamos, más este nuevo.

Suicidarse crea un gran problema, porque esa energía mental y emocional que se fabrica en el momento del suicidio, no desaparece. Sigue junto a nosotros, y eso hace que en la próxima encarnación, sintamos esos deseos de quitarnos la vida constantemente.

Hay muchas personas que se suicidan, porque ya en una vida pasada lo hicieron, y ante cada problema, la idea del suicidio reaparece. No es fácil luchar contra ella. Pero es necesario que esos seres atormentados por una idea que ellos mismos se echaron encima en su vida pasada, sean capaces de sobrevivir a ella. Así poco a poco, la van abandonando, pero es un trabajo duro y pesado para todo ser.

Pero como si esto fuera poco, el suicida sufre otro problema. Una vez en el plano de los espíritus, no se le puede acercar a sus familiares queridos, porque si lo hace, sus familiares vivos, pueden sentir también ese deseo de quitarse la vida.

Luego de explicar esto, invito a todos aquellos que puedan estar albergando ahora mismo la idea del suicidio, a desistir de hacerlo. Como ya he dicho, no hace más que agravar el problema, y la vida siempre pone delante otras salidas más inteligentes y menos dañinas, no sólo para su cuerpo físico, sino para el resto de sus cuerpos espirituales.

Nunca podré olvidar las palabras de aquella madre ya difunta, quien a través del cuerpo de un médium regañó a su hijo inválido diciéndole:

“Hijo mío, quita de tu cabeza esa idea. El suicidio es lo único que no perdona el Padre Celestial”.

Tadeo