lunes, 25 de agosto de 2008

EL ESPÍRITU DEL ESCLAVO


EL ESPÍRITU DEL ESCLAVO

Cuando era niño tenía mucho miedo a la oscuridad. Mi casa de Cuba era una gran casona construida en el siglo XVII. Su puntal era muy alto, y cuando se apagaban las luces todo se convertía en un gran universo de sombras y de ruidos extraños.
Había un ruido que no faltaba, que era el ruido del gran reloj de pared que presidía nuestro salón. Recuerdo que la sombra de la lámpara de campana, mezclada con alguna otra sombra que ahora no sabría decir de qué era, formaban una especie de figura humana que me asustaba mucho.

A veces el sueño llegaba rápido y no sufría tanto, pero a veces demoraba en llegar y pasaba horas torturado y subyugado por aquel mundo mágico y aterrador. Para colmo, sentía por las noches un extraño ruido. Algo se arrastraba por el piso de mi casa y no eran pisadas humanas. Sonaba como cuando algo de hierro es arrastrado por el suelo, algo pesado.

Asustaba aquel ruido, pero como lo sentía tan a menudo, terminé por acostumbrarme a él, y terminé encontrando una respuesta lógica para aquel fenómeno. Me dije a mí mismo que se trataba de un ruido que venía de la casa del vecino. Llegué a convencerme a mí mismo de que se trataba de una cama de hierro que los vecinos arrastraban hasta colocarla en el salón de aquella casa, el cual quedaba de mi habitación pared con pared. Incluso, alguna vez por la mañana temprano penetré en casa del vecino para ver si veía aquella cama de hierro, o las marcas en el piso de aquel arrastre de la masa férrea, pero nada.

Pasaron los años y casi había olvidado aquella historia. De hecho, como me bequé con 11 años y no regresé a casa hasta los 24, aquel ruido se adormeció en mi memoria durante ese tiempo en que desaparecí yo de mi hogar.

Un buen día, conversando con mi madre, me dijo algo que me dejó muy sorprendido. Ella me habló del sonido del hierro que se sentía por las noches en nuestra casa. Ella también lo escuchaba cada noche, aunque nunca lo había comentado con nadie.

En una sesión espiritista que se hizo en nuestra vivienda, se le ocurrió a mi madre preguntarle a un espíritu por aquel ruido. El espíritu al que se le preguntó, sonrió y luego respondió:

-Hija mía, en esta casa hay muchos espíritus compartiendo la vida con ustedes. Hay uno de ellos que tenía su barracón aquí mismo donde ahora está esta casa. Es un buen ser, y se ocupa de todos ustedes. Por eso, acostumbra a pasear por la casa cuando todos duermen.

Este espíritu era esclavo en vida, y murió con una bola de hierro enganchada a su pie, y por eso, aún en los planos espirituales, sigue arrastrando con la pesada masa de hierro. Pero saben una cosa, ustedes podrían liberarlo.

Mi madre preguntó qué debíamos hacer, y el espíritu respondió. Tienen que conseguir una bola de hierro, enterrarla en la tierra en el patio de la casa, luego hacer un sencillo ritual dirigido por un brujo, y de ese modo, el espíritu quedará libre de la bola que arrastra durante siglos en los planos espirituales.

Todo se hizo como nos indicaron. Se consiguió la bola de hierro, se consiguió a un brujo que hiciera el ritual, y lo demás es historia. Más nunca hemos sentido en mi casa aquel extraño ruido, pero contamos con que el espíritu ya liberado, siga visitándonos por las noches para dejarnos su bendición.

De hecho, una vez se quedó a dormir en mi casa una de mis primas. Se trataba de una niña de unos 5 años, y esa madrugada gritó:
“Mamá, aquí hay un negro en mi cama que no me deja dormir”.

Los espíritus se ríen con estas cosas de los niños. Ellos dicen que aprovechan el momento en que todos dormimos, para limpiarnos a todos de malas energías y tenernos siempre a salvo del mal. Y más curioso aún, todo el que visita mi casa se asombra de lo bien que duerme en ella.

TADEO

jueves, 24 de julio de 2008

LOS MUERTOS HABLAN A TRAVÉS DE LOS VIVOS


LOS MUERTOS HABLAN A TRAVÉS DE LOS VIVOS

Quiero revelarles este importante secreto del mundo espiritual. Los muertos, es decir, esos espíritus que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, pueden manifestarse a través del cuerpo de los vivos, poniendo en nosotros expresiones e ideas.

Dicen los maestros de sabiduría, que cuando un descubrimiento está listo para ser puesto en manos de los humanos, ellos escogen a la persona indicada para dar con él y lo guían para que lo consiga.

Del mismo modo llega a la mente de los creadores muchas de sus ideas creativas. Los poetas, los escritores, los músicos, los pintores, reciben muchas de sus ideas novedosas, de esos seres que los asisten y acompañan durante el proceso creativo. Tal vez por esto las inspiraciones llegan muchas veces cuando más despreocupada está la persona receptora. A veces el creador tiene la mente en blanco. Se encuentra descansando de sus tareas diarias, y es justamente en medio de ese vacío mental, cuando los seres espirituales se le acercan para dejarle caer alguna idea brillante.

Pero todo esto es aún más complejo. Hay un momento en que los muertos hablan, por nuestra boca sin que nosotros seamos conscientes de eso. A veces vemos que decimos cosas que no queremos decir. Son esas cosas que se dicen sin pensar, y a veces esas palabras pueden cambiar para siempre el curso de nuestras vidas.

Hay parejas que se rompen para siempre por una frase dicha así, sin pensar. A veces uno le dice al otro precisamente esa frase que la otra persona no está dispuesta a tolerar. Así actúan las fuerzas espirituales cuando entienden que deben romper una relación.

A veces esas voces pueden ayudarnos también. Ya conté hace un tiempo, cuando un espíritu habló por mi boca para darle detalles a un amigo sobre un libro que él no me quería prestar por creer que yo no estaba preparado para leer.

También en otra oportunidad, esas voces que salieron sin consciencia de mi boca, me salvaron de meterme en un buen lío. Ahora les cuento cómo ocurrió todo, y ya con esta historia me despido por hoy.


Un buen día llegó a mi casa un amigo para invirarme a hacer un viaje de un par de días, ir y volver, a la provincia de Cienfuegos, pues tenía que recoger unos documentos en una de las escuelas donde él había estudiado. Dijo que no quería ir solo. Al final me convenció y me fui con él. Dijo que dormiríamos ese día en casa de una tía suya en aquella ciudad.

Llegamos a casa de su tía y allí nada parecía anormal. Lo anormal fue que ellos no querían que nos marcháramos, y para colmo, una noche la tía de mi amigo se me acercó y me dijo que se había muerto un pariente de ellos en una ciudad cercana y que querían ir todos al entierro. Dijo que se irían todos, incluyendo mi amigo, para allá y que me dejarían a mí con su hija, una chica como de mi edad, es decir, unos 19 años.

Aquella buena mujer me dijo que ellos regresarían por la noche, así que estaría solo todo el día con su hija. Sus palabras me sorprendieron, pero yo siempre he sido muy corto de mente, y no me enteré de lo que estaba pasando.

Al día siguiente, la hija de la tía de mi amigo, entró a mi habitación vestida con unas ropas minúsculas, y con una risa nerviosa en el cuerpo que me sorprendió. Noté que algo extraño le pasaba, pero no fui capaz de entender qué era.

Ahora que tengo más edad, entiendo perfectamente que aquella chica estaba excitada y deseaba tener relaciones sexuales conmigo. Durante buena parte de la mañana me estuvo provocando hasta que de pronto unas palabras salieron de mi boca, y ella se quedó como fulminada. Le dije.

TÚ ESTÁS EMBARAZADA.

La cara de sorpresa de aquella chica fue terrible, y la mía, pues por un estilo. No entendía por qué le había dicho eso, y no entendía por qué ella se había quedado así. Luego durante todo el día, el comportamiento de ella fue normal hacía mí.

Por la noche, cuando la casa volvió a poblarse, escuché a lo lejos una conversación entre la madre y la hija en la que la primera preguntaba si había ocurrido algo, y ella dijo que no, que yo lo sabía todo.

Para poderme marchar de aquella casa, tuve que sacar yo mismo los boletos de regreso, porque ellos no querían que nos marcháramos. Le puse a mi amigo un boleto en la mano y le dije:

Aquí tienes. Yo me voy a las 2 de la tarde. Si quieres, vienes conmigo, y si no, pues te quedas aquí solo.

Mi amigo se marchó conmigo y nosotros dejamos allí a todo el mundo pidiéndonos que regresáramos. Dijimos que sí, que regresaríamos. Dentro del autobús mi amigo me confirmó que su prima estaba embarazada y que querían obligarme a mí a asumir la paternidad.

No sé quién habló por mi boca, pero alguien habló y me salvó de aquella encerrona.

TADEO

miércoles, 16 de julio de 2008

LA EXPERIENCIA DE MORIR

LA EXPERIENCIA DE MORIR
Cuando era un adolescente, visitaba a menudo a un anciano que vivía solo muy cerca de mi casa. Mi padre se ocupaba de acompañarlo un poco en sus ratos libres, pero desde que me aficioné a visitarlo, él llegó a decirle abiertamente a mi padre, que prefería mi compañía.

Siempre tuve el don de conseguir que las personas ante mí, les diera por hablar y abrir su alma. Parece que mis palabras, muy copiosas por demás, pues soy muy conversador, tiran de la lengua a los demás como el buen vino.
Este anciano, que se llamaba Santiago, me hablaba de la muerte como lo más sublime que le quedaba por vivir. No creo que se quisiera morir, pero esperaba a la muerte con una serenidad asombrosa.

Hablo de él porque quisiera reflexionar aquí sobre el fenómeno de la muerte, que es muy interesante y curioso.

Cuando muere un ser querido, el dolor de la pérdida nos deja ciegos y no tenemos cabeza para pensar en nada. Sin embargo, es muy probable que con el tiempo, aprendamos a recibir la muerte de una manera más natural.

Todos los que hemos nacido, moriremos algún día, e incluso, podemos decir que la vida de los seres humanos es muy, pero que muy frágil, como para que vivamos obviando este suceso como si no fuera a ocurrirnos nunca, cuando la verdad es que es algo que nos ronda constantemente.
¿Qué es morir? Está claro que para esas personas que piensan que no hay más vida después de la muerte, morir debe ser algo terrible. Sin embargo, para una persona como yo, que está convencida de que la muerte no es otra cosa que un cambio de estado, la muerte no es algo tan terrible.

Desde mi concepción del mundo, una persona que muere, pierde uno de sus 7 cuerpos. Los maestros espirituales dicen que todo ser humano tiene 3 cuerpos materiales, que son a saber: el cuerpo físico, el cuerpo astral o emocional, y el cuerpo mental. Luego tiene otros 3 cuerpos espirituales que son a saber: el cuerpo búdico, el cuerpo átmico, y el cuerpo monádico. Luego, existe otro cuerpo que no es otro que el cuerpo de la divinidad, el cuerpo de Dios, o ese estado en que uno deja de ser, deja de existir como algo diferenciado del Todo, del Absoluto, para convertirse en el Absoluto, en el Todo, en Dios mismo.

Pensemos entonces en la muerte de este modo. Una persona muerte y pierde su cuerpo físico. ¿En qué se convierte? ¿En la nada? ¿Todo termina cuando te meten bajo tierra?

Muchos piensan que sí, pero desde luego, no es lo que yo pienso. Tal vez sería interesante que pensáramos que tras la muerte del cuerpo físico, dejamos de existir en este plano, pero seguimos existiendo en el plano astral o emocional, seguimos viviendo en el plano mental y en el resto de los planos espirituales. Si lo viéramos de ese modo, entonces la muerte no nos parecería algo tan tremendo.
Luego, si lo vemos como lo ven las religiones orientales, que piensan en la vida física casi como una prisión de la que cuesta horrores salir, entonces se viviría la muerte como algo menos doloroso.
Las religiones orientales dicen que las personas al morir, pasan al plano astral, que es sin dudas un plano más evolucionado que el plano físico, un plano más parecido al Cielo, al universo divino. Por tanto, nacer en el plano físico es casi como un castigo, un castigo que nos lo merecemos por los desequilibrios que hemos causado en la tierra durante nuestro paso por el planeta.
Sin embargo, después de sucesivas venidas al calvario de la vida en la tierra, llega un momento en que alcanzamos un grado de purificación tal, que nos merecemos por fin, quedarnos a vivir en el plano astral, es decir, no nos vuelven a "castigar" con un cuerpo físico, es decir, no tenemos que nacer más.

Ya lo decía José Martí, ese gran sabio y poeta cubano, en su famoso poema Canto de Otoño: “¿Quién que vino a la tierra, vivir de nuevo quiere? También me dijo mi abuela difunta una vez: “Estar muerto, es mejor que estar vivo, pero la vida es un trámite por el que hay que pasar".

Los maestros orientales tienen una imagen muy ilustrativa y que a mí me gusta mucho para explicar la existencia en los diferentes planos. Ellos dicen que un ser encarnado en la tierra, es decir, un ser como nosotros, mira la Verdad que es Dios, con 49 velos encima de sus ojos. Es decir, nuestros ojos están casi totalmente imposibilitados para ver la luz de Dios, para entender qué es. Una persona difunta es una persona que se ha quitado de los ojos 7 de esos 49 velos. Es decir, una persona que lleva sobre sus ojos 42 velos.

Esto ténganlo en cuenta para cuando conversen con espíritus, o para cuando ustedes mismos se encuentren dormidos en el plano astral. Lo que ven desde los sueños, curiosamente, es más parecido a la realidad de Dios, que esto que llamamos realidad aquí en el plano físico. Y sepan que los muertos, es decir, los espíritus desencarnados, no son sabelotodos. Ellos saben más cosas que nosotros, pero incluso, pueden haber personas encarnadas, que sepan más de las grandes verdades del mundo oculto, que muchas personas ya difuntas.

Esos seres desencarnados, que han vivido en el plano astral o emocional, y allí han continuado su evolución como seres, pasan al plano mental después de desprenderse de sus vehículos astrales, y desde allí miran a Dios con 35 velos.
Dicen que los grandes seres como Jesús de Nazaret, o Gautama el Buda, pertenecen hoy al plano búdico, es decir, son seres que miran a Dios con 28 velos. Está claro que nosotros, pobres seres que vemos a Dios con 49 velos delante de los ojos, veamos la luz y la sabiduría de Jesús o de Buda, como algo tan increíble, que no hemos tenido ningún reparo en llamarlos dioses. Pero el estudiante del mundo oculto no debe perder la perspectiva real. Un estudiante del mundo oculto debe saber que incluso estos grandes seres, no han conocido aún a Dios en su totalidad.
Cuando una persona está a punto de morir, se produce en ella un fenómeno espiritual muy curioso e interesante. Hay un momento en que la persona se desprende de la conciencia que siempre le ha acompañado a lo largo de su existencia física y viene a ella la lucidez espíritual. Llega un momento en que la persona empieza a hablar y a decir cosas raras para los familiares que lo escuchan.
Muchas veces la gente piensa que es que han perdido la cabeza, pero no es así. Ellos simplemente despiertan al mundo del espíritu. Descubren quiénes han sido en su vidas anteriores, descubren quiénes fueron esas personas que lo rodean, en sus vidas anteriores, y por tanto, desde su conciencia recuperada hablan de un modo desconcertante para todos. Pero debemos escuchar con mucha atención lo que esos moribundos dicen en el momento en que despiden de los suyos, porque nos dejan mucha información interesante de ellos y también de nosotros, información que nos puede ayudar mucho en nuestras vidas futuras. Muchas veces en su palabras, podemos descifrar también nosotros el drama de nuestras vidas.
TADEO

martes, 1 de julio de 2008

EXORCISMOS

EXORCISMOS

Quiero dedicar unas palabras al interesante tema del exorcismo y de las manifestaciones del Demonio entre los hombres. No es que me haya dedicado a estudiar este tema a fondo, pero sí tengo algunas ideas que exponer acerca de este particular.

Mi interés respecto a este tema, viene de que como he vivido en dos países distintos, en dos culturas distintas, he vivido el asunto de los exorcistas, los exorcismos y las posesiones demoníacas, de manera muy diferente.

Al llegar a España me encontré que aquí se hablaba de los exorcistas y las demonios encarnados en el cuerpo de los humanos, de dos maneras diferentes: unos hablaban al respecto como un tema estrella dentro de las historias de miedo, otros, como algo en lo que creen, pero de lo que no se habla apenas, por temor a atraer a lo demoníaco.
Tanto la novela de terror, como el cine de ese género, han tenido a las historias de posesiones y de las presencias del “maligno” como una constante. Son varios los filmes que han tratado este tema con un gran éxito de taquilla, y hasta se sabe que actores y productores que se embarcaron en la aventura de tratar estos temas en la gran pantalla, murieron de manera misteriosa y trágica. De esto podríamos hablar largo y tendido en otra oportunidad.
Luego, existen ciertas ciudades y pueblos españoles con una fuerte tradición de posesiones y de exorcismos. Hay incluso, ciertos sacerdotes católicos que se han especializado en este tipo de rituales en los que armados de La Biblia, los rosarios y el agua bendita, pretenden, en nombre de Dios Todopoderoso, hacer salir del cuerpo de una persona la encarnación del diablo.

Quizás el más conocido es el padre José Antonio Fortea, quien es uno de los pocos religiosos católicos españoles con licencia vaticana para ejercer este tipo de acto ritual. A cada rato se le ve aparecer en televisión o en entrevistas en los más disímiles medios de comunicación. Allí él explica sus experiencias y trata de convencer a propios y a extraños de que él no es un charlatán.
Hasta aquí todo muy bien. El asunto está en que en Cuba estos temas nunca se han vivido de este modo.

No voy a negar que en la isla había visto las películas sobre personas endemoniadas y exorcismos, pero siempre lo viví allí como algo propio del cine, de lo novelesco. Jamás vi que nadie allí, ante un caso de este tipo, fuera con un padre de la iglesia católica para pedirle que atendiera a un “endemoniado”.

Lo curioso es que en Cuba ver convulsionando a una persona, es mucho más natural que en España. Lo que pasa es que cuando en la isla a alguien le sucede algo de esto, nadie piensa que se trata del demonio. Lo más lógico es que se piense que se trata de un espíritu, ya sea su espíritu guía, es decir, su guía espiritual, o por el contrario, un espíritu “oscuro” que se ha apoderado de él, o que se le ha pegado porque se lo han enviado para hacerle daño, o simplemente porque es una persona “recogedora”, es decir, nacida con el don de atraer hacia el interior de su cuerpo a los espíritus.

En Cuba, ante un caso de este tipo, siempre trabajan con la persona afectada, un espiritista, un santero, un palero, pero nunca, un sacerdote de la iglesia católica.

Yo mismo he estado en sesiones espiritistas y cuando un espíritu maligno, o como le decimos allí, un “espíritu oscuro”, una “enviación”, se manifiesta poseyendo a alguno de los presentes, los sacerdotes de las religiones afrocubanas allí presentes, mandan a agarrar a la persona. Casi siempre lo sujetan entre varias personas, porque son seres que muestran una fuerza inusitada. El sacerdote en cuestión, ya sea un “tata” (sacerdote palero) o un babalocha o un babalao (sacerdotes santeros) le abren los ojos al ser poseído, con una técnica que ellos conocen. Luego con el crucifijo en la mano, se le acerca a los ojos y se le dice algo así:
“Aquí tienes a Jesucristo. Por encima de este poder tú no puedes pasar. Dinos quién eres y a qué vienes, o en su defecto, quién te envió. Si te ha enviado un brujo para que hagas daño a alguna de las personas presentes, di a quién tenías la misión de hacerle el mal”.

En este punto el espíritu que ha poseído a la persona, debe dar las explicaciones que se le han pedido. Algunos se resisten a hablar, eso es cierto, pero en ningún caso se le ocurre a ninguno de ellos decir las cosas que le dicen a las personas o a los sacerdotes católicos aquí en España, Estados Unidos o Europa, me refiero a decir que son Satanás o cosas por el estilo.

Cuando veo en la televisión vídeos donde esos espíritus que han poseído a un cuerpo, se ponen a sugerir que son el demonio, me enfermo de la rabia, y me compadezco de la persona poseída, porque tienen delante a unos personajes que no conocen de verdad sobre el fenómeno que están presenciando, y no tienen el poder suficiente como para enfrentar a estos espíritus malvados.

En Cuba, los sacerdotes de la santería y la palería, sobre todo los paleros, tienen un poder análogo al poder que manifiestan estos seres. Es cierto que es un poder que no viene de Dios, sino que viene de fuerzas oscuras, pero esos sacerdotes pueden usar esos poderes en estos casos para librar a estos seres endemoniados de su padecimiento, y lo hacen en 5 minutos. Nada que ver con estos sacerdotes que a veces se pasan días luchando de manera torpe contra esos espíritus obcecados que poseen a ciertas personas.
Esos espíritus malignos, se hacen pasar por Satanás y se burlan de los sacerdotes que pretenden combatirlos sólo con agua bendita y con el crucifijo.

Los brujos cubanos ante un caso de este tipo, le preguntan a los espíritus, quiénes son, y qué están haciendo allí. Puede que se trate de un espíritu bueno, que está mal y viene simplemente buscando la ayuda de los mortales. En tal caso se le da luz, se le rezan oraciones, se les canta, si tienen sed, se les da de beber o de fumar y se les orienta cómo deben aceptar el paso al mundo de los muertos.

Si es un espíritu familiar de alguno de los que está allí, se le encarga al familiar vivo que tome la responsabilidad de ayudar en la evolución espiritual de ese ser querido en malas condiciones en el plano espiritual.
A veces son espíritus que no son familiares de nadie y dicen que desean quedarse con el brujo, y éste se lo lleva a su casa y lo pone a trabajar para él.

En el peor de los casos, puede que el espíritu que han enviado, esté tan obcecado, que no quiere otra cosa que cumplir la misión que se le confió. Muchas veces son espíritus a los que se les ha pagado para que maten a una persona viva.
En tales circunstancias, se hacen dos cosas:
1-Se le prende fuego al espíritu. Se hace un círculo de fuego alrededor de la silla donde está sentada la persona poseída. Luego se saca de allí al cuerpo del poseído, y una vez hecho esto, ya esta persona regresa a la normalidad, porque el espíritu no puede salir del círculo de fuego sin quemarse.
En ese caso, como existe el peligro de que el espíritu te siga persiguiendo, se le hace un rompimiento a la persona para alejar completamente todo lo malo que pueda tener encima la persona. Esto ya se hace en un cuarto de brujo frente a la prenda, o la nganga, que es quien se hace cargo de atajar al espíritu oscuro o la magia negra del tipo que sea.
2-También se puede embotellar al espíritu. Esto se hace metiendo una botella vacía en la boca de la persona poseída, y se le obliga a soplar, y cuando sopla, el espíritu pasa automáticamente a la botella. Luego se tapa bien tapada y se lanza la botella al mar. De hecho los espíritus temen mucho a que los embotellen, así que en cuanto los amenazas con embotellarlos, ellos mismos juran que se irán, o imploran para que no le hagan ese tipo de cosa.

Muchas veces, cuando he visto en sesiones espiritistas este tipo de casos, casi siempre son los propios espíritus protectores nuestros, los que dicen qué es lo que se debe hacer con el espíritu en cuestión, y muchas veces son nuestros espíritus protectores quienes dicen quién es el espíritu oscuro y a qué vino, aunque siempre se le interroga. Eso sí, como estos pueden mentir, siempre se pide a los muertos una confirmación de lo que está diciendo el espíritu intruso.

No es que dentro de las creencias afrocubanas no se crea en la existencia del Diablo. Ellos sí creen en él, pero lo conciben de otro modo, y al menos yo, jamás he escuchado que se le asocie a este tipo de posesiones corporales. Más bien es una energía que se invoca cuando se hacen trabajos fuertes de magia negra.
Ojalá algún día estas enseñanzas venidas de África, referidas al trato con personas poseídas, se propaguen por occidente. De este modo no se harán sufrir tanto inútilmente a estos endemoniamos, que aparte de sufrir la presencia de espíritus malignos dentro de ellos, tienen que sufrir también el desconocimiento de estos sacerdotes y de otros, que pretenden ayudar de muy buena fe, pero que en la práctica demuestran no estar verdaderamente preparados para enfrentarse a este complejo fenómeno espiritual.
TADEO

miércoles, 18 de junio de 2008

DIANA HA MUERTO

DIANA HA MUERTO

Con honda tristeza he recibido la noticia de la muerte de la perra de mi casa de Cuba. Se llamaba Diana, y era una perrita sin pedigrí. No era una perra de raza ni mucho menos, pero era un ser entrañable con el que compartimos nuestra vida durante los últimos 12 años.

Recuerdo perfectamente cuando llegó a casa. Mi cuñado andaba de visita con su hija en casa de un amigo, en un poblado cercano a Trinidad de Cuba, y mi sobrina , quien tenía por entonces apenas 4 años, se enamoró de la perrita nadamás verla. Así que no hubo manera de separarlas, y de este modo, después de muchos años, volvimos a tener perro en nuestro hogar.
Era la primera vez que veía un perro en casa. Yo siempre fui más de felinos que de canes. Es una pena que la era digital y la fotografía llegara tan tarde a mi vida. De lo contrario, tendría un post con todos los gatos que he tenido en mi vida, algunos de ellos, verdaderas preciosuras.

Pero cuando Diana llegó a nuestras vidas, los pocos gatos que visitaban la casa, ya no lo hicieron más para quedarse. Diana los echaba a todos, y ay de ellos si ella veía que yo me ponía a acariciarlos.

Al final, la perra nos robó el corazón a todos. Yo tuve con ella una relación muy especial. Jugábamos mucho juntos, cazábamos ratones en el patio, nos encargábamos de jugar a vigilar la casa, le daba de comer, bailábamos, en fin, y bueno, como era tan cariñosa, siempre estaba buscando mimos, que ella misma pedía. Siempre estaba encima de mí.
A mí me gustaba mucho que fuera así de cariñosa, y no me molestaba para nada, incluso, que apenas me dejara comer con tranquilidad, pues se pasaba la vida pidiéndome que compartiera con ella mi comida.

Me tenían prohibido en casa darle de comer, porque así se malacostumbraba, y la verdad es que a ella la tenían muy enseñada a hacer sus necesidades donde tenía que hacerlas, y a comer en su plato y sólo cuando le tocaba. Nada de robarse la comida de sus dueños, pues sabía que sería castigada.

También se encargaba Diana de mantener a raya a los pavos, patos, gallos y gallinas de la casa. Ella disfrutaba de ese estatus especial que le permitía ser la única con derecho a pasar al interior de la casa. El resto de los animales, sabían que tenían que permanecer en el área del patio y los corrales, y bueno, ella nos ayudaba a imponer la disciplina en ese aspecto.

Diana tenía una peculiaridad. Había personas a las que odiaba. Las menos, pero había algunas personas a las que siempre les ladraba y les sacaba los dientes. No sabemos qué les veía, pero algo de ellos la sacaba de sus casillas.
En casa jamás mordió a nadie, pero en la calle agredió a una mujer que pasaba por allí, y en casa del vecino, también mordió a dos personas más. Por eso recibió su castigo, y por eso, no la dejábamos salir demasiado a la calle. Sus arranques de ferocidad, rarísimos en verdad, hicieron que sobre todo fuera de casa, se la respetara, y suponemos que eso ayudó a alejar a los ladrones.

Sin embargo, no era una perra conflictiva ni de estarse peleando con otros perros. Más bien era una perra cobarde, de esas que no se metía en nada.

Pero sobre todo la recordaré por lo humana que era. Imitaba a las personas en todo. Era como una mujer más de la casa. Recuerdo cuando mi hermana parió, y estaban todas las mujeres mirando en la cuna a la recién nacida, ella también se puso en dos patas para ver a la bebé, y eso que no la dejaban acercarse, pero ella estaba pendiente de todas esas cosas.

Nunca olvidaré como venía por las mañanas a mi cama y me despertaba muy dulcemente tocándome con su patita. Así conseguía que le diera de desayunar. Eran despertares felices para mí, pues difícilmente alguien me podía dedicar una sonrisa tan dulce como ella.

Mi hija Alma se encariñó mucho con ella y se hicieron amigas inseparables. También quiso siempre mucho a mi mujer, y aunque visitamos la isla cada 2 años, siempre se volvía loca de contenta cada vez que nos veía aparecer.

Tal vez a estas alturas se preguntarán por qué he puesto esta entrada en ese blog dedicado a mi vida mágica. Pues bien, resulta ser que en Cuba siempre se ha dicho que los perros son hijos de San Lázaro, la deidad de la salud.

Hace unos meses, mi hermana mayor entró al salón de operaciones para realizarse una radical de mama, y su vida estaba en peligro. Ese mismo día, mientras la operación se realizaba en el hospital, Diana cayó muerta como fulminada.

Mi madre en cuanto la vio morir, supo lo que había pasado. Los espíritus protectores de la familia ya nos lo habían avisado:

Si hay peligro de muerte para alguno de ustedes, nosotros nos encargaremos de dirigir esa energía contra algún animal de la casa, así que siempre tengan animales aquí, que eso nos sirve de gran ayuda.

Mi hermana salió bien de la operación, y parece ser que ha terminado venciendo el cáncer que padecía, pero nuestra querida Diana se ha ido. Sólo quiero agradecerle con estas palabras todo los buenos momentos que nos hizo pasar, toda la alegría que sembró en nuestros corazones, lo bien que cuidó de nuestra casa, y finalmente, como ofreció su vida para que mi hermana mayor siguiera viva y entre nosotros.

Querida mía, mi dulce Diana. Donde quiera que estés, no nos olvides. Nosotros nunca te olvidaremos.
TADEO

lunes, 9 de junio de 2008

MI CAMINO ES DE PASTOR


MI CAMINO ES DE PASTOR

Siempre recordaré con amor mis años de profesor en Cuba. Sabía que mi vida dedicada a la docencia no sería muy larga, y por esa razón, quise vivir intensamente esa experiencia. Me entregué de una manera muy especial a mis alumnos, y de aquellos 3 años en los que desempeñé las funciones de profesor de Historia y Filosofía en los dos institutos donde trabajé, guardo muy bonitos recuerdos (algunos malos también) y un montón de anécdotas. Hoy quiero contarles una de las más alocadas.

Un profesor de filosofía marxista que echaba las cartas, leía las manos, sabía de numerología, interpretaba sueños, demostraba tener un amplio conocimiento sobre todas las religiones populares de la isla, se iba de vacaciones a Europa, escribía versos, demostraba tener conocimientos sobre el resto de las asignaturas, no era lo más normal en Cuba, así que ejercía una fuerte fascinación sobre mis alumnos.

Ellos decían que odiaban mi asignatura, pero que amaban a su profesor, y que por sólo escucharme y compartir conmigo, venían gustosos a mis clases.

Una de estas chicas fascinadas por su profesor, llegó a su casa hablando de mí.
-Mamá, sabes, tengo un profesor que echa las cartas, lee las manos, etc, etc.
Esa buena mujer, que era practicante de la religión Pentecostal, una de las formas de protestantismo más extendidas en Cuba, se horrorizó ante las palabras de su hija, así que en cuanto pudo, pidió la palabra en su iglesia, en medio de una reunión religiosa, y dijo delante de todos, que en el instituto donde estudiaba su hija, había un profesor satánico que le estaba comiendo la cabeza a los niños y que los tenía muy enganchados, al punto, que ellos no dejaban de hablar de él.

Pidió encarecidamente a sus compañeros feligreses, que se juntaran todos en oración para pedirle a Dios que expulsaran del colegio a ese profesor.

En Cuba, donde quiera que se reúnen personas, hay agentes de la seguridad del Estado espiando, y este curioso hecho, no pasó desapercibido para el señor chivato. Enseguida la información pasó por los canales establecidos, hasta que me encontré en la dirección de mi colegio, hablando con mi director.

Él, que es una bella persona, y que era un buen amigo, me contó que mi nombre había sonado en esa iglesia y que la seguridad del Estado se había encargado de hacer llegar esa información al instituto para que yo estaría prevenido.

Esa misma noche me aparecí en el templo. Me senté y participé con ellos de lo que allí se efectuó. Al finalizar la misa o lo que fuera, llamé aparte al pastor y le dije que me había enterado que allí se había realizado una oración masiva para pedirle a Dios que echaran del trabajo al profesor de filosofía del instituto. Él me lo confirmó, entonces yo muy cínicamente me presenté.

Yo soy el profesor de filosofía. Le dejé claro un par de cosas a ese señor. Entre ellas, que yo no era ningún demonio, que incluso, tenía a Jesús como uno de mis maestros, que no me era ajena la doctrina cristiana, y le dejé claro que creía que del mismo modo en que Dios lo tenía a él allí al frente de esa iglesia, a mí me tenía en el instituto, ocupándome de la formación filosófica de mis alumnos. Le dije que yo era también un pastor, a mi manera, pero un pastor. Que no creía que estaba poniendo malos pensamientos ni que estaba dando un mal ejemplo a mis alumnos.

Le dije que en nombre de Jesús no se podía pedir el mal para el prójimo. Le expliqué que yo era un trabajador que se ganaba la vida honradamente impartiendo las materias correspondientes en mi centro escolar, y que si yo me quedaba sin trabajo, me iban a condenar al hambre y a la mala vida, y me aseguré de que ese tipo de oración anticristiana, no se repitiera más en aquel templo. Le pregunté si pensaba que era de Dios o del Diablo que allí se orara para hacer daño a una persona.

Al salir de allí, y ya de camino a casa, me pasó algo muy lindo. Una pareja de turistas recién casados se encontraban desorientados en medio de las laberínticas calles del casco viejo de mi ciudad y me pidieron que les indicara dónde estaba su hotel.

Como es costumbre en mi país, les dije que los acompañaría hasta la puerta del hotel, si no les resultaba incómodo. Así lo hicimos. Allí, en la entrada del motel Las Cuevas, nos pusimos a conversar. Recuerdo que les dije: “Miren, aquello que se ve a lo lejos, son las luces del instituto donde yo trabajo como profesor de filosofía.

Les conté que venía de la iglesia pentecostal y todo lo que allí me había acontecido. Les hablé de mis creencias religiosas, de las religiones en Cuba, de la historia de la nación, de la historia de la ciudad, y tan impresionados estaban conmigo, que me invitaron a beber algo en alguno de los bares o chiringuitos para turistas de los muchos que por allí había.

Los llevé a uno de esos sitios y nos pedimos algo de beber mientras continuábamos con nuestra conversación. Entre las cosas que les conté y que les asombró mucho, les dije que yo estaba recién llegado de España. Les conté de mi novia bilbaína, y de la posibilidad de que yo me fuera a vivir a la “Madre Patria”.

Luego, los llevé a mi casa, les mostré las fotos que hice durante mi viaje por España, y les regalé unos libros y hasta les confié un paquete para que lo entregaran a un amigo en Santa Clara, ciudad a la que ellos pensaban visitar al día siguiente. Nos hicimos fotos, y luego aquí en España nos hemos mantenido en comunicación.

Varios años después, para mi sorpresa, asistí al despertar espiritual de esta chica. Me confesó en una mail que ciertos sucesos ocurridos en su vida en los últimos tiempos, la habían hecho abrirse al conocimiento del mundo oculto. Y que al adquirir esta nueva conciencia, muchas de mis palabras dichas años atrás, empezaron a tener sentido en su mente.

Ella quería que yo lo supiera, y yo, por supuesto, me alegré mucho por ese paso en su evolución espiritual. Hoy en día, estamos en contacto, ya no sólo como amigos, sino también como hermanos espirituales.

Pero lo más importante de todo esto es que el encuentro con aquellas personas sensibles a mi prédica, nadamás salir del templo pentecostal, fue la confirmación de Dios de que seguía confiando en mí y en mis aptitudes para ser pastor de hombres. Fue un guiño suyo, fue su manera de decirme:

"No tengas miedo, que yo estoy contigo, y eres digno de toda mi confianza."

TADEO

martes, 27 de mayo de 2008

OSMANY ORTIZ


OSMANY ORTIZ

Aquí, junto a mi esposa y a mí , tienen la imagen de Osmany Ortiz, uno de mis grandes amigos. Tal vez el último gran amigo que he hecho. Uno de esos que llegan al final de la jornada, cuando ya crees que no volverás a fabricar una amistad tan estrecha como aquéllas formadas durante la niñez o la adolescencia.

Osmany es una de esas personas curiosas de mi ciudad, cuya personalidad no deja indiferente a nadie. Yo lo conocía de vista, y de él sabía que era pintor y hacía unos cuadros muy raros, llenos de planetas y luces estelares.

Recuerdo perfectamente su imagen caminando por las calles de la ciudad cuando aún no nos conocíamos. Su andar era airoso, y se vestía y llevaba el pelo de un modo particular, y por eso atraía las miradas de los demás. También mostraba una sonrisa franca y una especie de aura mística muy especial.

Varias veces me encontré con personas a los que al hablarles de temas místicos, me decían:
“Hay un chico en este pueblo que dice esas mismas cosas que tú dices”. Se llama Osmany. ¿Lo conoces?
Yo respondía que sí. Así que me invitaban a visitar su casa.
-Ve donde él y dile que te interesa la metafísica. El te atenderá sin problemas. Es una persona muy franca y amistosa.

Sin embargo, yo nunca fui por su casa. Me parecía un poco loco eso de aparecerme en casa de un desconocido.

Pero cuando las cosas van a suceder, suceden.

Un buen día salía yo del instituto donde trabajaba, y camino de la entrada me di cuenta que llegaban unas personas que seguramente querrían verme para una reunión de la Juventud Comunista. Como yo había estado de guardia la noche anterior, me moría de sueño y de cansancio y ya no aguantaba un minuto más allí, así que me fui sin dejarme ver.

Al atravesar el umbral de la puerta, me tropecé con Osmany, quien acababa de dejar allí en el colegio a su hermana, la cual, por cierto, era mi alumna. Él andaba en bicicleta y yo me disponía a marcharme andando, conciente de que tendría que recorrer aquellos 4 o 5 km que me separaban de mi casa.

De repente sentí que Osmany me habló.
-¿Vas para la ciudad?
-Sí, le respondí.
-Sube a la parrilla que te llevo.
Subí sin pensármelo dos veces y ahí, empezamos a conversar.
-¿Tú sabes quién soy yo? Me preguntó él.
-Sí, yo te conozco de vista. Tú eres Osmany, el pintor, como no. Eres bastante popular en el pueblo. Además, tenemos amigos comunes.
-Yo también sé quien eres, pues mi hermana me ha hablado mucho de ti.
Me dijo que me podía dejar cerca de mi casa, pues tenía que pasar a recoger unos casettes de música que le iba a prestar un amigo. Me dijo que le gustaba mucho la música new age y todas las músicas étnicas, cosa extraña en un país donde la gente consume sobre todo música salsa y y otras músicas igual de populacheras.
-Sabes, tengo aquí conmigo una cinta de música medieval, le dije.
-¿Sí? ¿Me lo puedes dejar para grabarlo? Si pasamos por mi casa ahora, lo grabo en un momento.

Así lo hicimos. Subimos a su casa. Me brindó un refresco y en aquella acogedora estancia comenzamos a conversar y para nuestra sorpresa, comprobamos que éramos muy parecidos en cuanto a gustos y maneras de concebir el mundo.

Nos sentimos tan bien conversando de metafísica, de historia, de pintura, de literatura, que las horas se nos pasaron volando, y desde entonces, empecé a visitar su casa casi a diario. Y así fue hasta que me marché de la isla.

Curiosamente, Osmany, a quien todos en ese mundo de lo paranormal, consideraban un gran ser, empezó a rendirme culto, a mostrarme pleitesía en público. Decía reconocer en mí a un gran ser, y nunca supe por qué. Él estaba maravillado por mis conocimientos y facultades paranormales, y se sentía feliz de ver que una persona con el reconocimiento social que yo tenía en la ciudad, fuera uno de los suyos. La verdad es que la admiración era recíproca.

Osmany parecía saber de mí, cosas que yo desconocía. Confiaba tanto en mi luz, le hablaba tan bien de mí a todos, que no podía más que sorprenderme, sobre todo viniendo de una persona como él, a quien no vi jamás tomar a nadie por maestro. Todos venían a él como discípulos.

Para colmo, un día pasó algo entre nosotros que no hizo más que fortalecer esa idea que de mí tenía. Estando Osmany en Alemania, encerrado en la casa de un extravagante personaje que lo sacó de la isla para que pintara para él durante tres meses, lo invitaron a probar unas galletas fabricadas con cierta sustancia alucinógena.
Comerlas le produjo un estado alterado de conciencia muy extraño. Estaba eufórico, y según me cuenta, vio cosas muy raras y sintió cosas muy raras. Sus facultades para percibir la realidad se acrecentaron y en medio de una visión mística inexplicable para la conciencia ordinaria, empezó a gritar desesperado como llamando a alguien:
-Chamán, Chamán, Chamán.
En ese mismo instante, algo raro sentí dentro de mí y dije a mi esposa:
-Llamaré por teléfono a Alemania. Quiero saber de Osmany.
Lo llamé y le dije:
-Dime, ¿cómo estás? ¿Qué te ocurre?
Mi amigo sintió una alegría inmensa al escuchar mi voz. Me dijo muchas cosas raras que ahora mismo no vienen al caso, pero desde entonces, Osmany sigue pensando que ese Chamán soy yo, y no creo que nadie le haga cambiar de parecer.

Tal vez, a consecuencia de esto mismo, cuando me fui a casar, me dijo que nos pintaría a mi esposa y a mí en un cuadro. Nos hizo posar para él, y cuando el trabajo estuvo concluido, mi esposa me dijo:
-Ese Osmany está loco. Te ha pintado con un aura, con una especie de nimbo. Vamos a decirle que lo arregle. Así que volvimos a su casa con el cuadro y le dijimos que esa aura que me había pintado, tal vez sería mejor quitarla.
Pero Osmany dijo:
-No se la quitaré. Yo he pintado a Tadeo como lo he visto. Esa luz yo se la veo, y no pienso quitarla, y no se hable más.

TADEO