
Con honda tristeza he recibido la noticia de la muerte de la perra de mi casa de Cuba. Se llamaba Diana, y era una perrita sin pedigrí. No era una perra de raza ni mucho menos, pero era un ser entrañable con el que compartimos nuestra vida durante los últimos 12 años.
Recuerdo perfectamente cuando llegó a casa. Mi cuñado andaba de visita con su hija en casa de un amigo, en un poblado cercano a Trinidad de Cuba, y mi sobrina , quien tenía por entonces apenas 4 años, se enamoró de la perrita nadamás verla. Así que no hubo manera de separarlas, y de este modo, después de muchos años, volvimos a tener perro en nuestro hogar.

Era la primera vez que veía un perro en casa. Yo siempre fui más de felinos que de canes. Es una pena que la era digital y la fotografía llegara tan tarde a mi vida. De lo contrario, tendría un post con todos los gatos que he tenido en mi vida, algunos de ellos, verdaderas preciosuras.
Pero cuando Diana llegó a nuestras vidas, los pocos gatos que visitaban la casa, ya no lo hicieron más para quedarse. Diana los echaba a todos, y ay de ellos si ella veía que yo me ponía a acariciarlos.
Al final, la perra nos robó el corazón a todos. Yo tuve con ella una relación muy especial. Jugábamos mucho juntos, cazábamos ratones en el patio, nos encargábamos de jugar a vigilar la casa, le daba de comer, bailábamos, en fin, y bueno, como era tan cariñosa, siempre estaba buscando mimos, que ella misma pedía. Siempre estaba encima de mí.
Pero cuando Diana llegó a nuestras vidas, los pocos gatos que visitaban la casa, ya no lo hicieron más para quedarse. Diana los echaba a todos, y ay de ellos si ella veía que yo me ponía a acariciarlos.
Al final, la perra nos robó el corazón a todos. Yo tuve con ella una relación muy especial. Jugábamos mucho juntos, cazábamos ratones en el patio, nos encargábamos de jugar a vigilar la casa, le daba de comer, bailábamos, en fin, y bueno, como era tan cariñosa, siempre estaba buscando mimos, que ella misma pedía. Siempre estaba encima de mí.

A mí me gustaba mucho que fuera así de cariñosa, y no me molestaba para nada, incluso, que apenas me dejara comer con tranquilidad, pues se pasaba la vida pidiéndome que compartiera con ella mi comida.
Me tenían prohibido en casa darle de comer, porque así se malacostumbraba, y la verdad es que a ella la tenían muy enseñada a hacer sus necesidades donde tenía que hacerlas, y a comer en su plato y sólo cuando le tocaba. Nada de robarse la comida de sus dueños, pues sabía que sería castigada.
También se encargaba Diana de mantener a raya a los pavos, patos, gallos y gallinas de la casa. Ella disfrutaba de ese estatus especial que le permitía ser la única con derecho a pasar al interior de la casa. El resto de los animales, sabían que tenían que permanecer en el área del patio y los corrales, y bueno, ella nos ayudaba a imponer la disciplina en ese aspecto.
Diana tenía una peculiaridad. Había personas a las que odiaba. Las menos, pero había algunas personas a las que siempre les ladraba y les sacaba los dientes. No sabemos qué les veía, pero algo de ellos la sacaba de sus casillas.
Me tenían prohibido en casa darle de comer, porque así se malacostumbraba, y la verdad es que a ella la tenían muy enseñada a hacer sus necesidades donde tenía que hacerlas, y a comer en su plato y sólo cuando le tocaba. Nada de robarse la comida de sus dueños, pues sabía que sería castigada.
También se encargaba Diana de mantener a raya a los pavos, patos, gallos y gallinas de la casa. Ella disfrutaba de ese estatus especial que le permitía ser la única con derecho a pasar al interior de la casa. El resto de los animales, sabían que tenían que permanecer en el área del patio y los corrales, y bueno, ella nos ayudaba a imponer la disciplina en ese aspecto.
Diana tenía una peculiaridad. Había personas a las que odiaba. Las menos, pero había algunas personas a las que siempre les ladraba y les sacaba los dientes. No sabemos qué les veía, pero algo de ellos la sacaba de sus casillas.

Sin embargo, no era una perra conflictiva ni de estarse peleando con otros perros. Más bien era una perra cobarde, de esas que no se metía en nada.
Pero sobre todo la recordaré por lo humana que era. Imitaba a las personas en todo. Era como una mujer más de la casa. Recuerdo cuando mi hermana parió, y estaban todas las mujeres mirando en la cuna a la recién nacida, ella también se puso en dos patas para ver a la bebé, y eso que no la dejaban acercarse, pero ella estaba pendiente de todas esas cosas.
Nunca olvidaré como venía por las mañanas a mi cama y me despertaba muy dulcemente tocándome con su patita. Así conseguía que le diera de desayunar. Eran despertares felices para mí, pues difícilmente alguien me podía dedicar una sonrisa tan dulce como ella.
Mi hija Alma se encariñó mucho con ella y se hicieron amigas inseparables. También quiso siempre mucho a mi mujer, y aunque visitamos la isla cada 2 años, siempre se volvía loca de contenta cada vez que nos veía aparecer.

Tal vez a estas alturas se preguntarán por qué he puesto esta entrada en ese blog dedicado a mi vida mágica. Pues bien, resulta ser que en Cuba siempre se ha dicho que los perros son hijos de San Lázaro, la deidad de la salud.
Hace unos meses, mi hermana mayor entró al salón de operaciones para realizarse una radical de mama, y su vida estaba en peligro. Ese mismo día, mientras la operación se realizaba en el hospital, Diana cayó muerta como fulminada.
Mi madre en cuanto la vio morir, supo lo que había pasado. Los espíritus protectores de la familia ya nos lo habían avisado:
Si hay peligro de muerte para alguno de ustedes, nosotros nos encargaremos de dirigir esa energía contra algún animal de la casa, así que siempre tengan animales aquí, que eso nos sirve de gran ayuda.
Mi hermana salió bien de la operación, y parece ser que ha terminado venciendo el cáncer que padecía, pero nuestra querida Diana se ha ido. Sólo quiero agradecerle con estas palabras todo los buenos momentos que nos hizo pasar, toda la alegría que sembró en nuestros corazones, lo bien que cuidó de nuestra casa, y finalmente, como ofreció su vida para que mi hermana mayor siguiera viva y entre nosotros.
Querida mía, mi dulce Diana. Donde quiera que estés, no nos olvides. Nosotros nunca te olvidaremos.
Hace unos meses, mi hermana mayor entró al salón de operaciones para realizarse una radical de mama, y su vida estaba en peligro. Ese mismo día, mientras la operación se realizaba en el hospital, Diana cayó muerta como fulminada.
Mi madre en cuanto la vio morir, supo lo que había pasado. Los espíritus protectores de la familia ya nos lo habían avisado:
Si hay peligro de muerte para alguno de ustedes, nosotros nos encargaremos de dirigir esa energía contra algún animal de la casa, así que siempre tengan animales aquí, que eso nos sirve de gran ayuda.
Mi hermana salió bien de la operación, y parece ser que ha terminado venciendo el cáncer que padecía, pero nuestra querida Diana se ha ido. Sólo quiero agradecerle con estas palabras todo los buenos momentos que nos hizo pasar, toda la alegría que sembró en nuestros corazones, lo bien que cuidó de nuestra casa, y finalmente, como ofreció su vida para que mi hermana mayor siguiera viva y entre nosotros.
Querida mía, mi dulce Diana. Donde quiera que estés, no nos olvides. Nosotros nunca te olvidaremos.
TADEO
