
La ceiba es uno de los árboles más mágicos y reverenciados de los campos cubanos. Su majestuosidad es evidente y dicen que bajo sus ramas se aposentan espíritus de la naturaleza, duendes y todo tipo de seres mágicos. Dicen incluso, que con sólo abrazar a uno de estos árboles, nuestras malas energías se van.
Sé de buena tinta que hay ciertos espíritus que como en vida nunca vivieron en casas, sino que eran personas que vivieron en cuevas o simplemente en la selva, hoy se sienten muy mal morando en pequeños apartamentos o en nuestras casas. Por tanto, en muchos casos, ellos mismos piden que los lleven al monte y los asienten allí, al pie de una ceiba o de una palma real.
Cuando paseas por los campos cubanos, te encuentras que ciertas ceibas tienen clavadas en su tronco, un lazo rojo, un lazo pequeño. El que entiende de estos temas, al ver este diminuto pedazo de tela, sabe que se trata de un árbol que está ocupado, es decir, que ya alguien a asentado al pie de dicho árbol a un espíritu suyo.

A través de un médium se manifestó el espíritu de otro africano, un espíritu muy conocido y querido por toda mi familia, quien nos asesoró en todo lo que allí había que hacer. Luego de los sacrificios de los animales, el espíritu ya mencionado, nos mandó a cocinar todos aquellos animales desangrados y dijo que nos lo podíamos comer en una especie de gran banquete improvisado.

Mientras esperábamos a que se cocinara la carne y todo lo demás, el espíritu africano que se había apoderado del cuerpo de uno de nosotros, me llamó y me pidió que me sentara a su lado.
Se puso a hablarme de cómo había evolucionado la humanidad desde los tiempos en que él era vivo hasta el día de hoy.
Yo me aventuré a preguntarle interrumpiendo sus palabras:
-¿Cuándo Cristóbal Colón descubrió América, usted había muerto ya?
-Creo que sí, me respondió.
Se puso a hablarme de cómo había evolucionado la humanidad desde los tiempos en que él era vivo hasta el día de hoy.
Yo me aventuré a preguntarle interrumpiendo sus palabras:
-¿Cuándo Cristóbal Colón descubrió América, usted había muerto ya?
-Creo que sí, me respondió.
-¿Y en qué país de África vivías?
-Yo no sé nada de países. Nosotros llamábamos Guinea a nuestra tierra. Sólo te puedo decir que un día llegaron hombres blancos a mi aldea, apresaron a muchos. Yo me escapé, pero me dispararon y una bala se alojó en una de mis piernas. Me escondí en una cueva, pero la pierna se me pudrió. Sufrí fuertes dolores. Para calmarlos bebía bebidas que preparaba yo mismo con raíces de plantas, pero terminé muriendo de esta afectación.

Yo lo escuchaba atento y maravillado. Aún se movía cojeando este espíritu.
-¿Es por eso que usted cojea?
-Así es. Me dijo.
-Dame un masaje en la pierna, por favor, que aún me duele, y hace mucho frío en el plano tierra.
Le acaricié la pierna dándole un suave masaje, lo mejor que pude.
-¿Está fría, verdad? Me preguntó refiriéndose a la pierna del médium que él había “usurpado” temporalmente.
-Sí, está fría, le respondí.
-Tú también vas a estar frío un día, no te preocupes, me dijo antes de soltar una gran carcajada.
Luego, siguió contándome cosas acerca de su manera de entender el mundo.
-Los hombres se han desarrollado mucho. Las cabezas hoy son más complejas, pero a la misma vez, los corazones se han empobrecido. Hay mucha maldad en la tierra. Yo creo que antes todo era mejor. No teníamos nada, pero la gente era más buena de corazón. Los hombres lo hemos jodido todo con tanto desarrollo.
Es muy importante que los hombres aprendan a amarse y a perdonarse entre sí.
Al escuchar esto último, uno de mis primos (uno que no se toma nada en serio) le respondió al espíritu:
-Negro, no no no. Yo no perdono. A mí el que me la hace, me la paga.
Y el espíritu le respondió:
-Pues por eso mismo es que yo no hablo contigo. Hablo con Tadeo, porque él sí sabe de espiritismo, mientras que tú lo único que sabes es de brujería.
-¿Es por eso que usted cojea?
-Así es. Me dijo.
-Dame un masaje en la pierna, por favor, que aún me duele, y hace mucho frío en el plano tierra.
Le acaricié la pierna dándole un suave masaje, lo mejor que pude.
-¿Está fría, verdad? Me preguntó refiriéndose a la pierna del médium que él había “usurpado” temporalmente.
-Sí, está fría, le respondí.
-Tú también vas a estar frío un día, no te preocupes, me dijo antes de soltar una gran carcajada.
Luego, siguió contándome cosas acerca de su manera de entender el mundo.
-Los hombres se han desarrollado mucho. Las cabezas hoy son más complejas, pero a la misma vez, los corazones se han empobrecido. Hay mucha maldad en la tierra. Yo creo que antes todo era mejor. No teníamos nada, pero la gente era más buena de corazón. Los hombres lo hemos jodido todo con tanto desarrollo.
Es muy importante que los hombres aprendan a amarse y a perdonarse entre sí.
Al escuchar esto último, uno de mis primos (uno que no se toma nada en serio) le respondió al espíritu:
-Negro, no no no. Yo no perdono. A mí el que me la hace, me la paga.
Y el espíritu le respondió:
-Pues por eso mismo es que yo no hablo contigo. Hablo con Tadeo, porque él sí sabe de espiritismo, mientras que tú lo único que sabes es de brujería.
TADEO
