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sábado, 29 de marzo de 2014

¿POR QUÉ ME LLAMAS BUENO?

 
¿POR QUÉ ME LLAMAS BUENO?

            Los odios desatados ante el primer roce, es lo que nos demuestra que el ser humano necesita de la crisis y de los conflictos para poder conocerse a sí mismo. Nos pasamos la vida repitiendo que somos seres buenos y llenos de amor. Pero poco roce se necesita para que tras el delgado barniz de bondad y de fraternidad aparezca el monstruo que somos.

            No podemos seguir viviendo engañando al prójimo y engañándonos a nosotros mismos. La herida está ahí y debemos sanarla. El trabajo que nos llevará al AMOR verdadero y por tanto hacia Dios, hay que realizarlo, está por hacer. La humanidad tiene el deber de saltar por encima de la dualidad ilusoria de buenos y malos, de derechas y de izquierdas, de luces y sombras, de negros y blancos, de homosexuales y heterosexuales, de hombres y mujeres, de primermundistas y tercermundistas.

            Lo vamos a hacer a las buenas o a las malas, pero la paz llegará. ¿Lo haremos por medios pacíficos o través de la guerra? ¿Lo haremos con 6000 millones de humanos sobre la tierra, o con 1000 millones? No lo sé. Ya veremos si hemos aprendido algo de las 2 guerras mundiales. Tal vez no, tal vez no hayamos aprendido nada y tengamos que volver a devastar el planeta para entonces recibir la sacudida de nuestras conciencias.

            Yo no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiar mi mundo. Yo no puedo poner paz en el mundo, pero sí puedo poner paz en mi corazón. Yo no puedo acabar con la guerra entre los opuestos en el mundo, pero sí, puedo acabar con la guerra de los opuestos dentro de mi mente. Yo no puedo hacer que todos me amen ni que todos se amen, pero sí puedo amar a todos.

            Si queremos que la tierra sea un paraíso, que cada cual se atreva a convertirse en ángel. Sólo el amor incondicional y la eliminación de la ilusión de la dualidad nos llevará al mundo que todos deseamos. En el interior de cada ser anima un dios que merece respeto. Las ideologías, las diferencias, siempre son externas y por tanto superficiales y despreciables, lo esencial es el dios que anima la vida de cada ser.

            Aprendamos a amar al Dios que vive al interior de cada ser. Aprendamos a reconocernos a nosotros mismos en el Dios que anida al interior de cada ser de este planeta, y sólo entonces viviremos en paz, y sólo entonces experimentaremos el sentido de la palabra AMOR.!!

            Dios, el gran arquitecto de todos los multiversos que habitamos, lo arma todo usando el mismo patrón. Por la noche, detente a mirar el cielo estrellado y pregúntate a ti misma qué es lo que más abunda: la luz o la oscuridad. Y luego pregúntate a ti misma qué quieres ser: un trozo de cielo oscuro o un punto luminoso en la inmensidad.

Si eliges ser una estrella, entonces lanza tus rayos de amor en todas las direcciones y no temas ser la minoría. Brilla, porque brillar es tu razón de ser, y comprende que aunque la oscuridad sea más, todo el que mira al cielo buscará los puntos de luz y no las negras sombras. Siéntete orgullosa de ser una estrella que ilumine el firmamento de la vida humana.

            Y una vez tranquila y fortalecida, lanzando al mundo tu hermosa energía de amor, comprende que sólo puedes brillar porque el cielo está lleno de oscuridad. Comprende que necesitas de la oscuridad para poder ser luz. Comprende entonces que tienes una buena razón para amar la oscuridad del cielo y la tuya propia. No sufras cuando te toque ser la oscuridad sobre cuyo fondo brillen otras estrellas. No sufras porque existan estrellas más luminosas que la tuya. Pide a Dios que un día tú seas el punto más oscuro, porque eso querrá decir que el mundo se habrá mejorado mucho.

            Los seres humanos todos, somos como teclas de un mismo piano. Cada tecla vive recelosa de las demás, diciendo, yo soy más importante. Pero al pianista le da igual qué tecla le arranques al piano. Si él ve que al piano le falta una tecla, no podrá tocar sus melodías. El ser humano necesita aprender a sentirse PIANO antes que TECLA, por amor a la música, por amor al AMOR, por amor a Dios.

            No sufras por estas pruebas que te pone la vida. Comprende tú al que sea incapaz de comprenderte, ama tú al que sea incapaz de amarte, porque al final, Dios sólo te pedirá cuentas por el amor que tú has sido capaz de cosechar, y no por el amor que otros han sido capaces de darte. Todo es pura ilusión. Todos somos células del cuerpo de Dios. Una célula de tu cuerpo no puede obligarte a vestirte de blanco o de negro, son decisiones que están por encima de una célula.

            Dios se está espiritualizando. Va camino a ser espíritu puro, y eso ninguno de nosotros lo podrá evitar. Es un proceso doloroso si lo miramos desde la individualidad, pero es un proceso hermosísimo si lo miramos desde la conciencia del Todo.

            Cuando un profesor te pone un examen difícil, lo está haciendo por tu bien. Comprende que cada examen que te pone la vida, te lo pone porque tu alma lo ha solicitado, pero es simplemente eso, un examen. No te tomes nada demasiado en serio, porque todo en este mundo nuestro es una pura ilusión. Recuerda siempre que el BIEN verdadero, es ese que está por encima del bien y del mal!!!

TADEO

miércoles, 17 de julio de 2013

PACIENCIA Y AMOR INCONDICIONAL

 
PACIENCIA Y AMOR INCONDICIONAL

Queridos lectores:
He escrito recientemente un texto para una amiga, y me gustaría compartirlo también con todos ustedes.
Querida amiga:

El tema que pones sobre la mesa da para escribir un libro, así que procuraré no extenderme demasiado y decirte las 3 o 4 primeras ideas que me pasan por la mente cuando pienso en este particular.

Cuando sientas que pierdes la paciencia, es decir, que te sales de tu estado de equilibrio emocional, puedes estar convencida de que estás siendo puesta a prueba y por tanto, eso o ese que te saca de tus casillas es un maestro para ti. Lo ideal es poder mirar al exterior con ojos amorosos, pero a veces chocas con tus límites y caes ante la prueba. No pasa nada, a eso venimos a la tierra, a ser probados y de esas muchas caídas sacamos la experiencia y el conocimiento que necesitamos para ascender. Así nos mejoramos.

Es curioso como a cada persona nos ponen justamente las pruebas que más trabajo nos dan, y quiero apuntar que en la naturaleza todo es económico, y por tanto, estudiar metafísica, o llenarte de conocimientos espirituales implica siempre un “peligro”, porque todo lo que aprendas, Dios hará que lo pongas en práctica. Cuando a través del estudio alcanzas cierto nivel de conciencia, ese nivel de conciencia será puesto a prueba. Y cada persona debe saber que mientras más avanzas en el conocimiento, te ocurrirá que te pasarán a ti, esas cosas que no le suceden a nadie. Y no es mala suerte, es simplemente que Dios tratará de acrecentar en ti, no sólo la paciencia, sino todas las virtudes espirituales.

Ahora bien, no hay que angustiarse demasiado cuando perdemos la paciencia, o cuando actuamos mal en cualquier sentido. Basta con que nos miremos por dentro y comprendamos nuestro error. Esto no siempre es fácil. La mayoría de las veces buscamos las culpas en los demás, y no en nosotros mismos.

Cuando una persona es capaz de encontrar en su interior responsabilidades con lo ocurrido, cuando uno es capaz de comprender que el otro y tú son en esencia un mismo ser, entonces ya se ha alcanzado un nivel de conciencia desde el cual es mucho más fácil hacer que los problemas se desvanezcan.
La práctica de las virtudes espirituales, entre ellas el amor al prójimo, y luego en un segundo momento, llegar a comprender que no existe EL OTRO sino que todos somos UNO, desde luego, te deja en mucho mejor situación para enfrentar los roces de la vida dual. Y cuando llegas a comprender que en última instancia, todo lo que existe es Dios manifestándose, que tú YO individual es ilusorio, entonces es mucho menos doloroso y angustioso el camino.
La práctica del amor incondicional es muy difícil porque constantemente estamos condicionando el amor que damos. Llegar a decir TE AMO, PERO PUEDO SER FELIZ SIN TI, es un escalón avanzado en el proceso de crecimiento espiritual, y es muy fácil engañarse a uno mismo. Es fácil dedicarse a aprender a SER FELIZ SIN TI, y cuando ya lo puedes decir con conciencia, entonces te encuentras que lo que has hecho es que ya HAS DEJADO DE AMAR. Como cuando la manta no te da para taparte al mismo tiempo la cabeza y los pies, y el gran reto es justamente ese, que todo quede cubierto.
La mayoría de las personas dicen: Yo no te amaré, porque sé que nunca podrás ser mío. O buscan entregarse no a quien más aman, sino a quien más seguridad nos ofrece de que no nos dejará por otro o por otra. Y por tanto, detrás de este comportamiento más que amor hay miedo. No nos damos cuenta, pero constantemente estamos conduciendo nuestras vidas por la senda de la seguridad, en vez de por la senda del amor.

Pero amar sin poseer al objeto amado, amar en todas direcciones como soles de amor, amar a todos y a todo por igual, todo lo que podamos, es un imperativo nuevo tiempo y de la nueva humanidad que estamos edificando entre todos.

Hay seres que ni siquiera son capaces de amarse a sí mismos, hay otros que sólo se aman a sí mismos, hay seres que ya además de amarse a sí mismos, aman a otra persona, y así, en la medida en que las almas van expandiendo sus egos de manera tal que dentro de ellos quepan más y más personas, y de manera que cuando digan YO SOY, dentro de ese YO SOY entren muchas más personas, porque son capaces de identificar al otro con ellos mismos, entonces es cuando verdaderamente nos convertimos en soles que irradiamos amor en grandes cantidades y en todas direcciones, o somos como fuentes de agua pura que calmamos la sed a todo aquel que se acerque a beber.

Pero para llegar a este punto es necesario que trascendamos el miedo, la necesidad de poseer al objeto amado, es necesario entender el amor como entrega incondicional. Y es necesario haber hallado la fuente de la felicidad dentro de uno mismo. Porque muchas veces lo que nos hace dependientes de los demás, es que sentimos en nuestro interior un vacío que tratamos de llenar con la presencia de otro ser o de otros seres. Y el problema que esto trae es que conseguimos una felicidad inestable y dependiente de otros, con lo cual, coartamos la libertad de esas personas, y por tanto, el amor que le damos, es un amor que reprime, que hace daño, que corta las alas del otro. Para poder dar amor incondicional es necesario estar completo. Y esa plenitud siempre se encuentra en nuestro interior. Por eso nadie que encuentra la felicidad en lo externo, ya sea en personas o en cosas materiales, puede verdaderamente amar sin sentirse tentado a poseer esas cosas objetos de su felicidad.

Bueno, no quiero terminar sin decirte que cuando pierdas la paciencia y te sientas mal, trata de quitar tu mente de esa angustia que te ha producido el haberla perdido, toma la lección y di que para la próxima tratarás de ser más paciente y perdónate amorosamente. Todo es un juego, somos como un juego de Dios, nada es tan grave como para que nos hundamos en la angustia y la desesperación. Dios es un niño y la creación es su juego. NAMÁSTÉ.
TADEO

viernes, 25 de marzo de 2011

LOS NIVELES DE LA CONCIENCIA HUMANA


LOS NIVELES DE LA CONCIENCIA HUMANA

SI CAMBIAMOS NUESTROS PENSAMIENTOS, CAMBIAREMOS NUESTRO KARMA.

QUIEN SIEMBRA UN PENSAMIENTO, COSECHA UNA ACCIÓN.
QUIEN SIEMBRA UNA ACCIÓN, COSECHA UNA REACCIÓN.
QUIEN SIEMBRA UNA REACCIÓN, COSECHA UN HÁBITO.
QUIEN SIEMBRA UN HÁBITO, COSECHA UNA CARACTERÍSTICA.
QUIEN SIEMBRA UNA CARACTERÍSTICA, COSECHA UN DESTINO.

El camino del crecimiento espiritual es como una pirámide en la que vamos despertando y desarrollando nuestros diversos niveles de conciencia paso a paso. Lo vamos haciendo a lo largo de nuestras diferentes vidas y utilizando para ello, cada uno de los cuerpos o vehículos con que vamos viniendo a la tierra.

La primera conciencia que desarrollamos es la conciencia sensorial. Aprendemos de vida en vida a relacionarnos con el exterior a través de la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. Y el desarrollo de esa conciencia nos permite comprender un poco el mundo que nos rodea. Nos permite comprender dónde termina nuestro cuerpo y empieza todo lo demás. También aprendemos que somos mortales. Aprendemos que todo lo que daña a nuestro cuerpo nos produce dolor, y gracias a ese maestro maravilloso que es el dolor físico, aprendemos a cuidarnos, porque cuando nos duele, enseguida tomamos medidas para librarnos de la causa de tal efecto.

En tiempos pretéritos, el ser humano tenía hacia el dolor una actitud menos cuidadosa, soportaba incluso, más dolor que nosotros, y de hecho, sus dolores siempre eran del cuerpo. Ellos no sentían apenas dolores emocionales ni se comían demasiado la cabeza.

Pero en la misma medida en que nos fuimos desarrollando, la conciencia sensorial se afianzó y se convirtió en un automatismo, en un instinto. Por eso es que hoy nosotros nacemos con instinto de conservación. Nadie nos tiene que enseñar a cuidarnos de aquello que puede poner en peligro nuestra integridad física. Nacemos con eso incorporado. Por eso es que nadie tiene que enseñarle a un bebé que debe mamar de la teta de su madre. Es información que ya desde nuestra etapa animal, traemos aprendida.

Sin embargo, cuando el ser humano llegó a un nivel de desarrollo tal que le permitió diferenciarse de los animales, empezamos a manifestar sentimientos y emociones mucho más sofisticados que nuestros predecesores. Y ahí apareció el dolor en el plano emocional. El dolor nos ayuda a cuidarnos y nos ayuda a fortalecernos.

El universo emocional tiene la peculiaridad de que fluctúa, de que se mueve como un péndulo, porque existe una ley natural que es la ley de equilibrio, o la ley de acción y reacción que provoca que todo lo que se mueve en una dirección, produzca una energía igual y de sentido contrario que garantiza el equilibrio en todos los casos y cosas. Por eso, en el plano de las emociones sucede que toda emoción positiva, es secundada por una emoción negativa.

Dicho de otro modo, cuando sentimos una gran alegría, estamos atrayendo a nosotros, por ley natural, una gran tristeza. Cuando atraemos a nosotros una gran euforia, y nos dejamos arrastrar por ella, y la gozamos, estamos atrayendo a nosotros, aún sin saberlo y aún sin quererlo, una energía emocional que nos sumirá en un estado emocional de tristeza o depresión.

Todos los seres humanos han experimentado esto. Unos hemos sido conscientes de ello y otros no, pero nos ha pasado a todos. Los maestros espirituales aconsejan a las personas dos cosas: primero, comprender que cuando nos estamos sintiendo mal, nadie nos está castigando y que no somos culpables de nada, simplemente se está cumpliendo una ley física, una ley natural.

Lo otro que recomiendan los maestros de sabiduría es que intentemos por nosotros mismos, ser equilibrados. ¿Y cómo se consigue ser equilibrados emocionalmente? Bueno, ante todo hay que decir que estos vaivenes, y estos golpes emocionales que la vida nos va dando, nos van haciendo madurar. Nadie madura emocionalmente hasta que la vida no le ha dado unos cuantos golpes.

Al final desarrollamos mecanismos para aplacar ese dolor, y esos mecanismos son la comprensión, la aceptación y el amor. Es decir, cuando comprendemos lo que nos pasa, cuando lo aceptamos como algo natural y cuando amamos eso que nos pasa, ya hemos crecido y por tanto el dolor desaparece. Y como desaparece, nuestro vehículo emocional deja de dar bandazos desde un extremo del espectro emocional al otro. Cuando esto ocurre, dejas de sentir dolor, dejas de experimentar estados de depresión. Tampoco dejas de experimentar grandes estados de euforia y alegría emocional.

Hay personas que dicen: uy, pero si no experimentas grandes estados de euforia y alegría, qué mierda es la vida. Ahí se equivocan, porque confundimos esos estados de alegría y euforia con la felicidad, y no es así. Una cosa no es la otra. La felicidad es algo que va más allá de esa alegría y euforia. La felicidad es un estado permanente que podemos alcanzar, aunque la mayoría de los humanos hoy, no crean en ella.

Por eso es que la humanidad actual acepta con normalidad esa idea de que la felicidad no existe, sino que sólo existen momentos felices. Yo también creí esto hace años, pero comprendí con el tiempo que eso no es cierto. Se puede superar ese estadio de momentos felices transitorios siempre secundados por periodos de tristeza que equilibraban el momento feliz vivido.

Una vez que nos convencemos de que se puede ir más lejos en nuestra aspiración de ser felices, lo que tenemos que hacer es despertar y desarrollar nuestra conciencia mental. Es decir, colocar nuestra mente, nuestra conciencia racional en el centro de nuestras vidas.

Muchos pensarán que eso lo hacen, pero no del todo y no siempre. Aunque nos han dicho desde siempre, que somos seres racionales, en verdad la mayoría de los seres humanos somos más emocionales que racionales.

¿Cómo podemos comprobar esto? Pues muy sencillo. Miren a vuestro alrededor y pregúntense cómo se divierte la gente. Comprobarán que existe en muchos casos, una relación demasiado estrecha entre diversión y desconexión de nuestros vehículo mental. Dicho de otro modo, nos divertimos desconectando nuestra mente racional, o inhibiéndola. Porque el alcohol, las drogas, las discotecas, etc, son mecanismos antinaturales de desconexión de nuestra conciencia racional, es decir, de nuestra mente.

Ahora bien, no pensemos que todo lo que desconecta a nuestra mente racional es malo. No, porque lo que nos desconecta de la conciencia racional, nos conecta con otros niveles nuestros de conciencia, y como cada ser humano es la suma de 6 cuerpos, 3 materiales y 3 espirituales, estar siempre y únicamente, conectado con ese nivel de conciencia, que es la conciencia racional o mental, no es lo aconsejable.

Como la conciencia racional o mental, es el tercer escalón de la conciencia humana, se encuentra en una posición intermedia. De ahí que cuando inhibimos nuestra conciencia racional suelen suceder dos cosas: una, que es la más común, el ser humano retrocede a su niveles inferiores de conciencia. Se vuelve emocional y se vuelve sensorial. O dos, puede sacar al ser divino que hay dentro de él, o lo que es lo mismo, puede despertar sus conciencias espirituales. Esto es una especie de éxtasis espiritual.

Ahora bien, como ya dije, el éxtasis espiritual es algo muy poco común. Mientras que el retroceso a nuestras conciencias inferiores es constante. Si queremos conocernos a nosotros mismos, si queremos comprobar cuan evolucionados somos, analicemos con qué frecuencia inhibimos nuestra conciencia racional, y cuánto placer somos capaces de experimentar en esos estados y cuánto placer somos capaces de experimentar en el estado de conexión con nuestra mente racional, es decir, con nuestra conciencia racional.

No quería dejar de decir que existen formas naturales y por tanto, no dañinas para la salud, de desconectarse de la conciencia racional. Estoy pensando en el sueño. Y también, aunque son fenómenos diferentes, en el sexo.

Cuando dormimos, inhibimos los tres niveles inferiores de conciencia y de ese modo, armonizamos todos nuestros cuerpos y nuestras 6 conciencias se emparejan. Por eso es que el sueño resulta tan sano y reparador.

En el caso del sexo, no en todos los casos, podemos llegar a inhibir nuestra conciencia por el lado negativo, que es cuando nos entregamos a la conciencia emocional y sensorial, es decir, cuando nos entregamos a disfrutar de lo que siente nuestro cuerpo, o por el contrario, podemos entregarnos a la conciencia espiritual cuando el sexo se convierte en un acto de amor y al inhibir la conciencia racional se experimenta una especie de orgasmo en el alma, una especie de éxtasis espiritual. Si nos preguntamos qué tipo de sexo acostumbramos a tener, ese que nos conecta con nuestras conciencias emocional y sensorial, o ese que nos conecta con nuestras conciencias espirituales, también puede darnos la medida de quiénes somos a nivel de desarrollo como seres humanos.

Como en la mayoría de los casos, somos personas muy apegadas aún a nuestro cuerpo emocional, personas que sentimos placer sobre todo cuando nuestra vida nos trae emociones y tensiones emocionales, cuando hay pasión en nuestra vida, cuando nos montamos en ese columpio que nos hace sentir esas sacudidas violentas que nos transportan desde la euforia a la depresión pasando por todo el abanico de estados de ánimo, mi consejo es el siguiente:

Si los palos que la vida nos ha dado, aún no son los suficientes como para que queramos bajarnos del columpio, pues adelante, sigamos balanceándonos en él. Porque hay algo muy importante que todos debemos saber. Todos debemos ser libres para hacer aquello que nos haga felices. Porque si hacemos algo que nos hace infelices, lanzamos negatividad al ambiente, aportamos negativamente a la conciencia colectiva y aportamos negativamente al inconsciente colectivo y eso trae más mal que bien para la humanidad. Todo tiene su momento y no es bueno forzar las cosas.

El momento de la madurez llega a su debido tiempo y llega un día en que la persona siente deseos de buscar, de ir más lejos, de experimentar formas de felicidad más satisfactorias. Llega un momento en que nuestra alma nos empuja a buscar una felicidad más duradera que esos momentos felices que nos hemos estado facilitando durante años o durante muchas vidas.

Cuando ese momento ha llegado, cuando la persona ha madurado emocionalmente y sigue su camino hacia el despertar y maduración de su conciencia racional, él mismo, sin que nadie le diga nada, se baja del columpio y entrega las riendas de su vida a la mente. Muchos de nosotros le hemos entregado las riendas de nuestra vida a la mente sólo a medias, porque constantemente se las estamos quitando para devolvérselas a su antiguo dueño, que es la conciencia emocional.

Pero poco a poco, en la medida en que nos vamos haciendo más maduros y sabios, le vamos quitando las riendas a la conciencia racional para dárselas a la conciencia emocional cada vez menos. Así funcionamos. Esa es la dinámica de vida del ser humano. En este punto del camino estamos muchísimos de nosotros.

Algunos, un poco más evolucionados, comienzan en algunas ocasiones, a quitarle las riendas de su vida a la conciencia racional para entregársela a la conciencia espiritual. Hemos tenido maestros de sabiduría que nos sirven de guía a todos en este camino, y un ejemplo claro de ello es Jesús de Nazaret.

Jesús vino a la tierra hace 2000 años, a vivir, a predicar y a través de sus palabras, a acercar su nivel de conciencia, polarizada totalmente en la conciencia espiritual, a seres muy emocionales y mucho menos mentales que la humanidad actual. Jesús hoy, gracias a su pensamiento en muchos casos y a la maduración de la humanidad en su conjunto, hubiera encontrado muchos más oídos receptivos a su discurso y a su ministerio.

Pero incluso hoy, cuando leemos las cosas que Jesús predicaba y las analizamos con nuestra mente racional, nos sentimos sobrecogidos porque no nos encontramos en condiciones de seguirlo en sus propuestas. Aún hoy somos incapaces de amar al prójimo como a nosotros mismos, somos incapaces de poner la otra mejilla cuando alguien nos golpea en la cara, somos incapaces de darle el doble de lo recibido al que nos ha dado algo, somos incapaces de amar a nuestros enemigos.

Todas estas enseñanzas de Jesús, aún hoy, atados a la conciencia racional como estamos, y pensando erróneamente que la conciencia racional es el sumun de las conciencias, nos siguen pareciendo una locura. Por parecernos locuras, tales enseñanzas, muchas personas se han alejado de Jesús y de la religión, porque a muchos de nosotros nos cuesta trabajo aceptar algo o a alguien que nos critica, algo o a alguien que nos dice en nuestra cara que somos malos e incapaces.

El ser humano es tan orgulloso, y le tiene tanto miedo al dolor emocional, que huye de todos los sitios donde algo o alguien puede dejar al descubierto sus miserias, sus miedos, sus demonios. El ser humano, más que procurar enfrentarse a sus demonios, procura no verlos, olvidarse de que están ahí dentro de nosotros, y para eso, el mejor modo es evitar esas situaciones y esas personas capaces de dejarnos cara a cara con el mal que llevamos dentro y por tanto, con el mal que somos.

Pero la realidad es que nadie avanza en el camino espiritual, nadie crece como persona, hasta que no se enfrenta a su sombra, a sus miedos, a sus frustraciones, a sus complejos, a sus culpas, y consigue domarlas, reconocerlas, entenderlas y amarlas. Sólo así llegamos a perdonarnos a nosotros mismos y a perdonar a los demás.

Comencemos por comprender todo esto que he expresado aquí desde nuestra mente. Démonos el tiempo necesario para crecer y avanzar. Y no olvidemos que, cuando sembramos en nosotros esta verdad, adquirimos poder y sólo entonces, somos capaces de cambiar nuestro destino.

TADEO