
OSMANY ORTIZ
Aquí, junto a mi esposa y a mí , tienen la imagen de Osmany Ortiz, uno de mis grandes amigos. Tal vez el último gran amigo que he hecho. Uno de esos que llegan al final de la jornada, cuando ya crees que no volverás a fabricar una amistad tan estrecha como aquéllas formadas durante la niñez o la adolescencia.
Osmany es una de esas personas curiosas de mi ciudad, cuya personalidad no deja indiferente a nadie. Yo lo conocía de vista, y de él sabía que era pintor y hacía unos cuadros muy raros, llenos de planetas y luces estelares.
Recuerdo perfectamente su imagen caminando por las calles de la ciudad cuando aún no nos conocíamos. Su andar era airoso, y se vestía y llevaba el pelo de un modo particular, y por eso atraía las miradas de los demás. También mostraba una sonrisa franca y una especie de aura mística muy especial.
Aquí, junto a mi esposa y a mí , tienen la imagen de Osmany Ortiz, uno de mis grandes amigos. Tal vez el último gran amigo que he hecho. Uno de esos que llegan al final de la jornada, cuando ya crees que no volverás a fabricar una amistad tan estrecha como aquéllas formadas durante la niñez o la adolescencia.
Osmany es una de esas personas curiosas de mi ciudad, cuya personalidad no deja indiferente a nadie. Yo lo conocía de vista, y de él sabía que era pintor y hacía unos cuadros muy raros, llenos de planetas y luces estelares.
Recuerdo perfectamente su imagen caminando por las calles de la ciudad cuando aún no nos conocíamos. Su andar era airoso, y se vestía y llevaba el pelo de un modo particular, y por eso atraía las miradas de los demás. También mostraba una sonrisa franca y una especie de aura mística muy especial.

“Hay un chico en este pueblo que dice esas mismas cosas que tú dices”. Se llama Osmany. ¿Lo conoces?
Yo respondía que sí. Así que me invitaban a visitar su casa.
-Ve donde él y dile que te interesa la metafísica. El te atenderá sin problemas. Es una persona muy franca y amistosa.
Sin embargo, yo nunca fui por su casa. Me parecía un poco loco eso de aparecerme en casa de un desconocido.
Pero cuando las cosas van a suceder, suceden.
Un buen día salía yo del instituto donde trabajaba, y camino de la entrada me di cuenta que llegaban unas personas que seguramente querrían verme para una reunión de la Juventud Comunista. Como yo había estado de guardia la noche anterior, me moría de sueño y de cansancio y ya no aguantaba un minuto más allí, así que me fui sin dejarme ver.
Al atravesar el umbral de la puerta, me tropecé con Osmany, quien acababa de dejar allí en el colegio a su hermana, la cual, por cierto, era mi alumna. Él andaba en bicicleta y yo me disponía a marcharme andando, conciente de que tendría que recorrer aquellos 4 o 5 km que me separaban de mi casa.
De repente sentí que Osmany me habló.
-¿Vas para la ciudad?
-Sí, le respondí.
-Sube a la parrilla que te llevo.
Subí sin pensármelo dos veces y ahí, empezamos a conversar.
-¿Tú sabes quién soy yo? Me preguntó él.
-Sí, yo te conozco de vista. Tú eres Osmany, el pintor, como no. Eres bastante popular en el pueblo. Además, tenemos amigos comunes.
-Yo también sé quien eres, pues mi hermana me ha hablado mucho de ti.
Me dijo que me podía dejar cerca de mi casa, pues tenía que pasar a recoger unos casettes de música que le iba a prestar un amigo. Me dijo que le gustaba mucho la música new age y todas las músicas étnicas, cosa extraña en un país donde la gente consume sobre todo música salsa y y otras músicas igual de populacheras.
-Sabes, tengo aquí conmigo una cinta de música medieval, le dije.
-¿Sí? ¿Me lo puedes dejar para grabarlo? Si pasamos por mi casa ahora, lo grabo en un momento.
Así lo hicimos. Subimos a su casa. Me brindó un refresco y en aquella acogedora estancia comenzamos a conversar y para nuestra sorpresa, comprobamos que éramos muy parecidos en cuanto a gustos y maneras de concebir el mundo.
Nos sentimos tan bien conversando de metafísica, de historia, de pintura, de literatura, que las horas se nos pasaron volando, y desde entonces, empecé a visitar su casa casi a diario. Y así fue hasta que me marché de la isla.
Curiosamente, Osmany, a quien todos en ese mundo de lo paranormal, consideraban un gran ser, empezó a rendirme culto, a mostrarme pleitesía en público. Decía reconocer en mí a un gran ser, y nunca supe por qué. Él estaba maravillado por mis conocimientos y facultades paranormales, y se sentía feliz de ver que una persona con el reconocimiento social que yo tenía en la ciudad, fuera uno de los suyos. La verdad es que la admiración era recíproca.
Osmany parecía saber de mí, cosas que yo desconocía. Confiaba tanto en mi luz, le hablaba tan bien de mí a todos, que no podía más que sorprenderme, sobre todo viniendo de una persona como él, a quien no vi jamás tomar a nadie por maestro. Todos venían a él como discípulos.
Para colmo, un día pasó algo entre nosotros que no hizo más que fortalecer esa idea que de mí tenía. Estando Osmany en Alemania, encerrado en la casa de un extravagante personaje que lo sacó de la isla para que pintara para él durante tres meses, lo invitaron a probar unas galletas fabricadas con cierta sustancia alucinógena.
Comerlas le produjo un estado alterado de conciencia muy extraño. Estaba eufórico, y según me cuenta, vio cosas muy raras y sintió cosas muy raras. Sus facultades para percibir la realidad se acrecentaron y en medio de una visión mística inexplicable para la conciencia ordinaria, empezó a gritar desesperado como llamando a alguien:
-Chamán, Chamán, Chamán.
En ese mismo instante, algo raro sentí dentro de mí y dije a mi esposa:
-Llamaré por teléfono a Alemania. Quiero saber de Osmany.
Lo llamé y le dije:
-Dime, ¿cómo estás? ¿Qué te ocurre?
Mi amigo sintió una alegría inmensa al escuchar mi voz. Me dijo muchas cosas raras que ahora mismo no vienen al caso, pero desde entonces, Osmany sigue pensando que ese Chamán soy yo, y no creo que nadie le haga cambiar de parecer.
Tal vez, a consecuencia de esto mismo, cuando me fui a casar, me dijo que nos pintaría a mi esposa y a mí en un cuadro. Nos hizo posar para él, y cuando el trabajo estuvo concluido, mi esposa me dijo:
-Ese Osmany está loco. Te ha pintado con un aura, con una especie de nimbo. Vamos a decirle que lo arregle. Así que volvimos a su casa con el cuadro y le dijimos que esa aura que me había pintado, tal vez sería mejor quitarla.
Pero Osmany dijo:
-No se la quitaré. Yo he pintado a Tadeo como lo he visto. Esa luz yo se la veo, y no pienso quitarla, y no se hable más.
TADEO
