lunes, 14 de febrero de 2011

LOS TRES DESEOS


LOS TRES DESEOS

Muchas veces he escuchado decir que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque se puede convertir en realidad. No sé a ustedes, pero desde luego, a mí me pasó, y de qué manera. Mis deseos no sólo se hicieron realidad, sino que desde entonces, ni yo, ni mi vida, han vuelto a ser las mismas.

Tenía apenas 14 años cuando empecé a aficionarme a un curioso juego literario. Con los ojos cerrados me paraba frente a los estantes repletos de libros, de la biblioteca de mi casa, allá en Trinidad de Cuba, extendía mi mano, y tomaba uno al azar, y fuese cual fuese, me ponía a leerlo. Un buen día, cosas de la vida, al abrir los ojos, me encontré con La Santa Biblia entre mis manos y como todos imaginarán, comencé a leerla.

Para mi sorpresa, aquel libro no me resultaba ajeno. Sentía dentro de mí la extraña sensación de haberlo leído ya alguna vez. Después de aquello, volví muchas veces más al libro de los libros, pero nunca olvidaré la manera tan fortuita y extraña en que dicho texto se presentó en mi vida, así, sin avisar.

Por aquel tiempo de mi adolescencia, me llevaba La Biblia para el instituto y mis amigos, al verme leyendo aquel libro tan “sospechoso” me preguntaban si me había hecho testigo de Jehová, o algo así, y yo entre risas les respondía que no. Entonces me preguntaban: ¿Para qué te estás leyendo esa mierda? A lo que yo respondía con una carcajada.

Lo que mis amigos no saben es que tal vez influido por aquel libro y su lectura, me ocurrió algo sorprendente y trascendental, algo que cambiaría mi vida para siempre.

Uno de aquellos días de lectura bíblica, tal vez la propia concentración en las palabras sagradas de aquel libro, me provocó un profundo estado meditativo, y en mi fuero interno, en mi mente me sentí en comunión con Dios, en un estado en que sentía que podía hablarle confiado de que él escucharía mis palabras.

En ese estado de introspección le dije:

Dios mío, voy a pedirte 3 deseos. Si haces que se hagan realidad, yo a cambio, te prometo dos cosas, la primera es que más nunca volveré a pedirte nada, y la segunda es que como estaré tan feliz, me dedicaré a procurar hacer felices a los demás tratando de ayudarlos a hacer realidad sus sueños.

Diez años después, a los 24 años, mis tres deseos estaban totalmente cumplidos. No diré qué tres deseos le pedí a Dios. Eso quedará entre él y yo, pero no eran deseos fáciles de cumplirse, y sin embargo, tal vez por atreverme a desearlo, se hicieron realidad.

Desde entonces, como Dios ha cumplido conmigo, yo me estoy dedicando a cumplir con él. Y lo mejor es que haber encontrado un camino, y un sentido espiritual para mi vida, me la ha transformado de un modo maravilloso, sobre todo, porque cuando consigo hacer feliz a alguien, también me siento feliz yo.

TADEO

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy Mitrion, super ! la vida es un misterio para todos.

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Querido Mitrion:
Gracias por pasar y dejarme tu comentario. Un abrazo:
Tadeo

Aprendiz dijo...

Me parece muy bonito esto que cuentas.

Un saludo.

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Hola Aprendiz:
Qué bueno tener tu mensaje por mi blog. Tengo la sensación de que nadie me lee ya, jejeje. Un abrazo:
Tadeo